‘Gracias a la vida que me ha dado tanto’
Es uno de los himnos del folclor latinoamericano
Siempre que Mercedes Sosa, cantante de música folclórica argentina, interpretaba
esta hermosísima canción que llega al alma, comenzaba nombrando a su compositora Violeta Parra.
Para las nuevas generaciones Violeta fue una mujer interesante, fascinante, que nació el 4 de octubre de 1917, en San Carlos, Chile.
También vivió en Argentina y Francia, donde grabó muchos de sus éxitos.
Fue una artista integral: además de cantautora, trabajó en cerámica, pintura al óleo y fue arpillera; enseñó, actuó en teatro y televisión, y fue activista social.
Su trabajo sirvió de inspiración a varios artistas interesados en rescatar el folclor de sus países.
Fue hija del maestro de escuela y músico (guitarrista y violinista), Nicanor Parra Alarcón, y de la modista, tejedora y cantora campesina, Rosa Clarisa Sandoval Navarrete.

‘Gracias a la vida’ es una reflexión sobre la sencillez, los detalles de la vida, la naturaleza de nuestro entorno, el amor, todo lo que no se puede comprar, pero que lo tenemos y no le damos el verdadero valor.
Violeta comenzó su carrera artística en un restaurante, interpretando boleros, corridos, rancheras y tonadas junto con sus hermanos Hilda, Eduardo y Roberto; y después en otro restaurante.
En ambos conoció a Luis Cereceda Arenas, obrero ferroviario, con quien se casó y tuvo dos hijos:
Isabel y Ángel, quienes heredaron la vena musical y adoptaron el apellido materno para ser fácilmente reconocidos.
Cereceda esperaba una familia más tradicional pero no pudo encontrarla en ella por su vida musical. Y se separaron.
Después con su hermana Hilda formó el dúo ‘Las hermanas Parra’ y volvió a casarse. Esta vez con Luis Arce Leyton, mueblista y tenor de ópera, con quien tuvo a Carmen Luisa y Rosa Clara.
Con su hermana Hilda publicó sus primeros discos, con el sello RCA Víctor. Eran grabaciones en formato sencillo de canciones populares chilenas, como ‘El Caleuche’, ‘La cueca del payaso’ y ‘La viudita’. Este dúo funcionó de manera constante hasta 1952.
Violeta recopiló las tradiciones musicales de diversos barrios de Santiago y de todo Chile. Por eso conoció a poetas como Pablo Neruda y Pablo de Rokha.
Grabó los exitosos sencillos ‘Casamiento de negros’ y ‘Qué pena siente el alma’.
En la Radio Chilena mantuvo el programa ‘Canta Violeta Parra’, y ganó el Premio Caupolicán a la folclorista del año, y la invitaron para presentarse en un festival juvenil en Varsovia (Polonia).
Aprovechó el viaje para recorrer la Unión Soviética y algunos países de Europa. En París grabó sus primeros larga duración, ‘Guitare et chant: chants et danses du Chili’ (1956) y otras canciones.
Regresó a Chile cuando se enteró de la muerte de su hija Rosa Clara.
Su éxito no paraba: fue contratada por la Universidad de Concepción y después fundó el Museo Nacional del Arte Folklórico.
Cuatro discos suyos aparecen en ese tiempo: ‘Canto y guitarra’ (1957), ‘Acompañada de guitarra’ (1958), ‘La tonada y la cueca’ (los dos últimos de 1959), bajo la etiqueta de EMI Odeon.
En 1961 se fue a vivir e Argentina. Un año después participó en el VIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes y grabó una serie de canciones editadas en diversas recopilaciones posteriores.
Además de lanzar al mundo discográfico a sus hijos Isabel y Ángel Parra con el disco ‘Au Chili avec los Parra de Chillán’(1963), continúa sus grabaciones con el LP ‘Recordando a Chile (una chilena en París)’, grabado entre 1964 y 1965, que incluye dos canciones compuestas y cantadas en francés, así como también otros temas como ‘Paloma ausente’ y ‘Arriba quemando el sol’, una etapa de gran nostalgia, tal como lo atestiguan canciones tan sentidas como ‘Violeta ausente’.
En 1964 se convirtió en la primera latinoamericana que exhibe individualmente una serie de sus arpilleras, óleos y esculturas en alambre en el Museo de Artes Decorativas del Palacio del Louvre.
Escribió el libro ‘Poesía popular de Los Andes’ y la televisión suiza filma el documental ‘Violeta Parra, bordadora chilena’.
En este tiempo conoció y se enamoró del antropólogo y musicólogo suizo Gilbert Favre, el gran amor de su vida, con quien vivió en Ginebra, compartió su tiempo entre Francia y Suiza.
Fue su fuente de inspiración de amor y desamor: ‘Corazón maldito’, ‘El gavilán, gavilán’, ‘Qué he sacado con quererte’, y otras.
Regresó a Chile en 1965 y en la comuna de La Reina instala una gran carpa como centro de cultura folclórica, junto con sus hijos Isabel y Ángel y los folcloristas Rolando Alarcón, Víctor Jara y Patricio Manns, entre otros.
El final de su relación con Gilbert Favre, quien se fue a Bolivia en 1966, dio origen a una de sus canciones ‘Run Run se fue pa´l norte’.
Ella lo fue a ver a Bolivia y lo encuentra ya casado. Un dolor más para vida.
Su amiga Margot Loyola, dijo a la prensa que Violeta le habría dicho: “Uno, comadre, tiene que decidir el momento de su muerte… Yo decidiré el momento en que quiero morir”. Después de tres intentos fallidos en 1966 y 1967 había ingerido barbitúricos e intentado cortarse las venas, se suicida de un disparo en la cabeza a los 49 años en su carpa de La Reina a las 17:40 del 5 de febrero de 1967.
En su última carta, dirigida a su hermano Nicanor, escribió, entre otras cosas: “Yo no me suicido por amor. Lo hago por el orgullo que rebalsa a los mediocres”.
Cuando se enteró de su muerte, Pablo Neruda expresó: “De cantar a lo humano y a lo divino, voluntariosa hiciste tu silencio, sin otra enfermedad que la tristeza”.
Nadie podía entender que la autora de ‘Gracias a la vida’, un himno a la existencia, se suicidara un año después de escribirla.
Pero si uno escucha la letra es una canción de despedida.
Después de su muerte le otorgaron la medalla Gabriela Mistral en 1998.
Violeta Parra dejó una gran cantidad de música inédita, que se ha ido conociendo después de su muerte.
Con el objetivo de rescatar su legado sus hijos crearon la Fundación Violeta Parra en 1992; su primera presidenta fue su hija Isabel.
El Museo Violeta Parra se creó en 2015, en la avenida Vicuña Mackenna 37, en Santiago. Vale la pena visitar, la entrada es gratuita.
Andrés Wood estrenó en el 2011 su película ‘Violeta se fue a los cielos’, basada en el libro homónimo de Ángel Parra y protagonizada por Francisca Gavilán. Ha ganado varios galardones entre los que destaca el Gran Premio Internacional del Jurado en el Festival de Sundance (enero de 2012).
