Es un ingeniero jubilado y podría decirse que ‘La Hora Vintage’ nació como un hobby, pero sería injusto llamarlo solo así porque en realidad, en este espacio está la combinación de dos pasiones, que lo han acompañado toda la vida: la música y la tecnología, a lo que podría sumar desde una edad temprana, el gusto y la admiración por la radio y a los grandes locutores.
Alfredo Zúñiga tuvo la primera influencia musical en su entorno familiar. Su padre, Santiago Zúñiga Benavides, era un abogado muy culto y de una filantropía inmensa.
Además, fue rector de la Universidad del Atlántico, ‘ad honoren’. Cultivaba su gusto por la poesía, la literatura y la música, a los que dedicaba su tiempo libre.
“Desde niño solía levantarme los domingos para que le pusiese en el equipo de sonido las colecciones de acetatos de óperas y operetas, de las que recuerdo autores como Puccini, Calvallo o Donizetti. Mi madre italiana, hija del inmigrante (1927) Antonio Mennuto, tocaba el piano, fiel a una consigna de Don Antonio, que solía dar como regalo de bodas a sus hijas, un piano y una máquina de coser. La música debía estar presente en el hogar y la máquina para acondicionar la ropa especialmente de los niños, una tarea de ama de casa. Era admirador del canto lírico. Cuando ninguno de sus hijos escogió la profesión de músico, pagó los estudios de canto a uno de sus sobrinos, Vicenzo Sanseviero, en el Conservatorio de Roma, donde se formó como tenor. Eso fue a mediados de los años cincuenta. Vicenzo realizó una gira por Centro y Suramérica, dando conciertos en escenarios reconocidos, como en el Teatro Colón de Bogotá y en Teatro de Bellas Artes en Barranquilla, acompañado de la Orquesta Filarmónica del Maestro Pedro Biava. “En esa ocasión se bajó en nuestra casa y ensayaba acompañado por mi madre. Recuerdo que mis hermanos y yo nos escondíamos en las afueras de la casa, porque creíamos que iba a derrumbarse con la potencia de su voz. Se radicó en Nueva York, donde alcanzó a audicionar para el Metropolitan Opera House”.
Volviendo al lado paterno, una de las hermanas de su padre, Isabel Elvira era intérprete del piano con mucha propiedad en música colombiana y española. Con ella tomó algunas clases su esposa Vilma, cuando aún no se asomaba en su vida.

Para cerrar estas influencias, porque a lo largo de su vida, ha habido otras, está la de su primo Alvaro Zuñiga del Portillo, cinco años mayor que Alfredo. “Para entonces contaba con 14 años. Acertó llevándome a escuchar los ensayos de sus amigos en el Foyer de Bellas Artes los fines de semana. Allí tocaban Jazz, el hijo del maestro Vásquez Pedrero, cuyo padre fue profesor de piano de mi hermana Ana Elvira; los hermanos Rondón, guitarra y bajo, tenían un quinteto. Mi primo me presentó también a varios que por entonces eran estudiantes de Arquitectura de la Universidad del Atlántico como Hermes Romero y Hernando Viñas, los cuales más tarde con Minski crearían Barranquijazz. Así me atrapó el Jazz y posteriormente el Bossa Nova lo cual ha venido aplazando mi aterrizaje en la música clásica”.
Otro hito, fue el programa de su tío Italo Mennuto en Radio Kalamary, a mediados de los sesenta: ‘Italia Canta’ que permaneció en el aire por doce años, al mediodía los domingos. En Italia la RAI (Radio Televisión Italiana) creyeron que la emisora tenía por nombre Italia Canta y le enviaban por correo diplomático semanalmente la música y los contenidos de la cultura italiana en cintas profesionales “open reel”, que terminaban en sus manos.
Al jubilarse, se encontró con tiempo libre y se la pasaba viendo videos y escuchando emisoras internacionales, hasta la madrugada con su esposa Vilma.
Gracias al internet, sintió una necesidad profunda de producir un programa de radio para compartir estos momentos tan amenos.
“Fue en una fiesta de matrimonio de una sobrina política de Adolfo Meisel, rector de Uninorte, en la cual compartimos mesa, le comenté que me gustaría montar un programa de radio en la Emisora de la Universidad, para explorar la riqueza musical del pasado, sin pretensiones, pero con mucho corazón. 40 años atrás, yo había formado parte del proyecto de construcción de la Emisora. En un equipo que armara Jesús Ferro Bayona, entonces rector, con Vilma Gutiérrez de Piñeres a la cabeza, me encargaron de los trámites ante el Ministerio de Comunicaciones para la obtención de la licencia de funcionamiento, selección de proveedores y supervisión del montaje de la emisora con el apoyo del proveedor seleccionado Singer Equipos y transmisores FM para Radiodifusión Colombia. Tenía esas competencias, porque había laborado en el Ministerio en la División de Radio.
La emisora hoy bajo la dirección de Giselle Masard, recibió la idea con entusiasmo, y así nació ‘La Hora Vintage’. Desde el primer programa, donde tuve el inmenso gusto de encontrarme con Ismael Piñeres Palmera, único miembro del equipo con el cual se inició la Emisora y quien fue el editor musical del programa en su primera temporada y de buena parte de la segunda, fue pieza fundamental en su consolidación. En el programa recurro a unas cortas notas, complementando los créditos de las canciones, sin extenderme en sus historias, para que la música sea la protagonista; así procuro tender puentes entre generaciones, e invitar a los oyentes a viajar en el tiempo”.
Cada emisión está cuidadosamente curada. Alfredo selecciona los temas por bloques, muchas veces agrupados por idioma, época o estilo.
“Me gusta incluir versiones distintas de una misma canción, mostrar cómo una melodía puede transformarse sin perder su esencia”.
El próximo 8 de septiembre el programa llega a la emisión número 100.
“Miro atrás con gratitud. Lo que comenzó como un hobby se ha convertido en un ritual compartido con una audiencia fiel, curiosa y apasionada. ‘La Hora Vintage’ no solo me ha permitido seguir activo intelectualmente, sino que me ha regalado una comunidad afectiva. Y si algo he aprendido en este camino, es que la música vintage no es vieja: es eterna».

Gracias desde Miami por una hora de maravillosa musica. Felicitaciones por estos 100 regalos y deseandote creacion de muchos mas.
Un excelente aporte musical y cultural para nuestra ciudad y, especialmente para los amantes del jazz, de la música vintage, de esas canciones que perduran y no mueren con el tiempo.. Un gran referente! Felicitaciones Alfredo por tu dedicación , por tu precisión, conocimiento y asertividad al escoger la casa canción, cada interpretación.