No todos los programas logran quedarse en la memoria de la gente. Algunos pasan. Otros se vuelven parte de la conversación cotidiana. El de Rita Caballero pertenece a ese segundo grupo.
Durante 20 años, El Caribe con Rita en Qrramba, emitido por Telecaribe, ha sido más que un espacio de televisión. Ha sido un lugar donde se habla sin rodeos de lo que muchas veces otros prefieren evitar.
Rita no llegó a la televisión siguiendo un libreto. Llegó en un momento de cambio, dejando atrás la estabilidad para probar en un terreno que no dominaba. Venía de la radio, con esa escuela heredada de su madre, y con algo que terminó siendo clave: la capacidad de conectar.
Al comienzo no todo fue fácil. Hubo tropiezos, resistencias y momentos incómodos. Pero se sostuvo. Y eso, en televisión, ya dice mucho.
Un impulso importante llegó con el respaldo del entonces gobernador Eduardo Verano de la Rosa, que abrió el camino hacia una etapa más sólida en Telecaribe. A partir de ahí, el programa creció, pero sin perder su esencia.
Desde temprano, Rita decidió hablar de temas que no eran comunes en pantalla. Hace 20 años, por ejemplo, se atrevió a tocar la sexualidad sin disfrazarla. Y esa línea se ha mantenido: salud emocional, jóvenes, conflictos reales… lo que pasa en la casa de la gente.
Su formato también se movió: del estudio a la calle, de expertos a historias de vida. Porque si algo ha tenido claro es que no todo está en los libros.
A estas alturas, su permanencia no es casual. Es disciplina y pasión. También resistencia frente a envidias y momentos difíciles que no siempre se ven.
En lo personal, su historia tiene otra dimensión. Viuda desde hace años, encontró en su programa una forma de seguir luchando. Y fuera de cámaras, su mayor orgullo está en su familia: sus hijos Alicia y Giovanni Martínez, sus nietos Juliana Castro y Giovanni Martínez Suárez, y sus yernos, a quienes siente como propios.
El pasado 17 de abril fue homenajeada por la Universidad Simón Bolívar, y acompañada en una misa en la Iglesia de Santa Laura. Un reconocimiento que habla no solo de su trayectoria, sino del cariño que ha sembrado.
Veinte años después, lo de Rita no es solo un programa al aire. Es constancia. Es una manera de hacer televisión. Y, sobre todo, es una prueba de que todavía hay espacio para contenidos que dicen algo.
La Ola Caribe celebra su camino. Porque en tiempos donde todo parece efímero, su historia recuerda que la permanencia no se improvisa.



