Por Loor Naissir
Crecer en una casa donde el periodismo era más que una profesión significó convivir desde muy temprano con historias, conversaciones, personajes y una manera particular de entender el mundo.
En el caso del apreciado colega Rafael Sarmiento y su familia, el oficio de informar y narrar la realidad ha estado ligado no solo a una trayectoria reconocida, sino también a valores como la credibilidad, el compromiso y la cercanía con la gente.
Con el paso de los años, ese legado fue encontrando nuevas formas de continuar: de las salas de redacción tradicionales a las plataformas digitales, de las crónicas impresas a los contenidos culturales creados por nuevas generaciones.
Pero más allá del apellido y del peso de una historia familiar, existe también un camino propio construido desde la pasión por contar historias y por interpretar una realidad que cambia constantemente.
En esta conversación hablamos con Jorge Mario Sarmiento Figueroa, su hijo, sobre las enseñanzas que deja un padre periodista, los retos que enfrenta hoy el oficio, la transformación de los medios y la manera en que el periodismo y el arte pueden encontrarse para seguir conectando con las personas.

Creciste viendo a tu padre, Rafael Sarmiento, abrirse camino a pulso en el periodismo y trabajar en tres de los periódicos más importantes del país. ¿Cuál fue la lección más valiosa que heredaste de él?
-Muchas lecciones invaluables sigo asimilando a través de su gran ejemplo como ser humano, como padre, periodista y escritor. Se me viene a la mente el momento que viví cuando me pidió que lo acompañara en su último día de trabajo en El Heraldo. Subimos y pude ver cómo la Sala de Juntas le dio un abrazo de despedida con admiración y gratitud, luego la Sala de Redacción en pleno, sus colegas, sonreían porque él siempre procuraba alegrarles la vida en la labor diaria. Y mientras salíamos, las secretarias, los vendedores, los operarios de imprenta y los funcionarios de seguridad también se acercaban a despedirse. Cuando nos íbamos a subir al carro, me dijo: “Procura salir así de donde entres”.
¿En qué momento entendiste que el periodismo no era solo el oficio de tu padre, sino también un llamado personal para ti?
-Lo primero que hice fue poesía, que a través de mi padre fue publicada en el periódico El Heraldo, cuando yo tenía 8 años. Casi cuarenta años después, ese primer paso de periodismo y escritura creativa sigue siendo mi camino, gracias a Dios. A veces me he metido en otras veredas, para bien, pero procuro volver al camino.
Muchos hijos de periodistas terminan alejándose de los medios por las exigencias de la profesión. ¿Qué te motivó a seguir ese mismo camino?
-La senda que mis padres abrieron se convirtió en una marca de credibilidad, talento y compromiso con el periodismo. Al comienzo de mi carrera profesional sí me alejé, pero luego la pasión de conocer la realidad y contarla desde múltiples historias y personajes hizo que volviera. Es donde me siento pleno a nivel profesional.
Tu padre fue fundador de La Cháchara, una página de noticias que logró conectar con la gente desde un lenguaje cercano y popular. ¿Cómo defines hoy el legado de ese proyecto?
-La semilla la sembró y la regó mi padre cuando fundó el programa radial La Cháchara junto con Andrés Salcedo González (f), Abel González Chávez (f) y Mike Char. En Emisora Atlántico, los sábados. Yo tuve la fortuna de unirme a ellos desde que era un estudiante universitario, y cuando vino la era digital logramos migrar con mis padres y un equipo de talentos, manteniendo ese legado de lenguaje cercano y hoy en día con un marcado enfoque cultural.
¿Qué diferencias encuentras entre el periodismo de la época de tu padre y el que hoy enfrenta la nueva generación?
-En la era de mi padre, el periodismo era el cuarto poder en la sociedad. Había una confianza y respaldo inmenso en los medios de comunicación. Hoy a duras penas el 32% de los colombianos confía en los medios, según el Reporte del Instituto Reuters. Eso marca una diferencia crucial. Además, en la época de mi padre, contar la realidad era salir a buscarla. Por eso mi padre tiene entrevistas memorables, como la de Robert De Niro en las espesuras de la Sierra Nevada de Santa Marta, o la entrevista al maestro Rafael Escalona mientras asistía al funeral de su muy sentida Consuelo Araujo Noguera. Hoy eso casi no se da, por las soluciones tecnológicas que se tienen a la mano para comunicarse a cualquier lugar y momento. Para mí, la realidad debe tener ambas cosas: tecnología y sudor.
En tiempos de redes sociales e inmediatez, ¿cómo se mantiene la credibilidad y el rigor periodístico?
-La ética, el compromiso y la consagración son cosas tan primordiales para el periodismo, que las personas se van dando cuenta quién les cuenta con credibilidad y rigor. Si a la gente le mientes y le manipulas la información de manera sostenida, termina dándose cuenta, y así tomarán la decisión de no creerte, o de hacerse los ciegos y decir que te creen. Por eso la credibilidad y el rigor hoy están en manos del periodismo, y no de los medios. Eso ha hecho que la gente esté más cerca de ese poder, con las oportunidades y riesgos que eso implica.
¿Sientes presión al llevar un apellido reconocido dentro del periodismo regional?
-Al contrario: siento gratitud y me impulso con ello.
¿Cuál ha sido el consejo de tu padre que más te ha servido en momentos difíciles de la profesión?
-Aprende a escuchar.
Tu familia también tiene una vena artística gracias a tu hermano músico. ¿Cómo conviven en casa el periodismo y la música?
-Mis dos hermanos son músicos. Mi hermano mayor es master en Comunicación, mi hermano menor es comunicador social de profesión. El arte y el periodismo van de la mano. Además, el periodismo puede ejercerse como un arte en sí mismo.
¿Crees que el periodismo y la música tienen algo en común a la hora de contar historias y conectar emociones?
-Rubén Blades y Tite Curet Alonso me siguen asombrando cada vez que escucho sus crónicas. ‘Periódico de ayer’ de Tite Curet, es una obra maestra que conecta música, periodismo y emociones. Y ni qué decir de ‘Adán García’, ‘El padre Antonio y el monaguillo Andrés’, ‘Pedro Navaja’ y otras grandes crónicas cantadas por Rubén Blades. Y si lo miramos al revés, he leído crónicas de Ernesto McCausland que parecen paseos vallenatos o aires tropicales sonando. La crónica audiovisual que Ernesto le hizo a Joe Arroyo en los estudios mientras grababa el álbum ‘En acción’, en 1989, es música pura incluso mientras conversan.
¿Qué anécdota de Rafael Sarmiento recuerdas con más cariño y que refleje quién era realmente como periodista y como padre?
-Te puedes imaginar cuánto hemos compartido en el periodismo durante más de 30 años. Aunque suene paradójico, recuerdo el día en que nos amenazaron a los dos, por yo hacer un análisis sobre medios de comunicación y poder. Fue duro atravesar ese momento juntos, porque él tuvo que tomar decisiones como periodista y como padre, y yo como periodista y como hijo.
Hoy muchos jóvenes que quieren ser creadores de contenido antes que periodistas. ¿Qué opinas de esa transformación de los medios?
-Hay creadores de contenido que usan de manera rigurosa, consagrada y atractiva las técnicas del periodismo. Hay otros a los que ni les interesa que les relacionen con el periodismo. Yo creo que hoy las redes sociales se convirtieron en el cuarto poder y que esa transformación de los medios no se ha convertido en un mejor periodismo. Al contrario: hoy la sociedad está tan vulnerable y manipulada por la información, como cuando las peores épocas que describe Gabriel García Márquez en El coronel no tiene quien le escriba.
¿Cuál consideras que es el mayor desafío para los periodistas jóvenes en la región Caribe?
-La situación es tan grave en este momento, que el mayor desafío para los periodistas jóvenes es poder hacer de verdad periodismo.
Si tuvieras que describir en una frase el legado que dejó Rafael Sarmiento en el periodismo, ¿cuál sería?
-Rafael Sarmiento Coley es el buen nombre de un periodista.
¿Qué sueñas construir tú, desde esta nueva generación, para honrar la historia familiar pero también dejar tu propia huella?
-La forma de honrar la historia familiar es seguir haciendo periodismo, incluso en un entorno tan desafiante. De hecho, estamos ahora enfocados en hacer periodismo cultural, para que la audiencia de La Cháchara reciba contenidos de valor, que sean inspiradores y atractivos, hechos por un equipo de periodistas de varias generaciones que comparten un criterio: consagrarnos.
Jorge Mario Sarmiento terminó la entrevista con la certeza de que las historias, como los buenos legados, encuentran nuevas maneras de seguir contándose.

