por Valeria Naissir
La piedra semipreciosa que conocemos como jade, hace referencia a dos minerales diferentes: la jadeíta y la nefrita. La primera, al ser más escasa y difícil de encontrar es la más exótica.
Debido a su durabilidad y bello aspecto, la jadeíta se ha utilizado para fabricar utensilios, esculturas ornamentales, obras de arte y joyería desde hace cientos de años. Este mineral se puede encontrar en distintos tonos, como amarillo, azul, morado y negro pero el más reconocido es el atractivo verde esmeralda, llamado ‘jade imperial’.
En algunas partes de Oriente, la consideran uno de los símbolos más importantes de pureza y serenidad, e incluso, en una época fue valorado más que el oro. Asimismo tenían fama de atraer la buena suerte, por lo que aún hoy en día se pueden encontrar a la venta muchos de estos amuletos en jade. Además de fines estéticos, esta roca también cuenta con propiedades curativas. Actualmente es tendencia el uso de este material en rodillos, cuya función es ayudar a reducir la hinchazón de la cara, aliviar el dolor de cabeza, drenar las toxinas de la piel e incrementar la circulación de la sangre. Ya sea para fines medicinales, de superstición, decorativos para los hogares, o para lucir hermosas joyas, sin duda todos deberíamos gozar de al menos un objeto en jade.












