Por Loor Naissir
Hay músicas que se escuchan. Y hay otras que despiertan recuerdos.
A mí el vallenato me lleva, sin pedir permiso, a mi infancia; y con más intensidad, a una noche de finales de los años 80, en una fiesta de fin de año de El Heraldo.
Por primera vez yo la estaba organizando y había invitado, casi como quien formula un deseo imposible, a Rafael Orozco y a Israel Romero para que tocaran. No hubo respuesta concreta. Estaban en la cima, súper cotizados, con agendas imposibles. Guardé silencio y me resigné.
Pero aquella noche aparecieron.
Sin anuncio. Sin protocolo.
Cuando comenzó a sonar El Higuerón, entendí que el vallenato no era solo un género musical: era una manera de celebrar la vida.
Fue un tronco de sorpresa, como decimos los costeños. Todos quedamos boquiabiertos, hasta mi esposo me dijo: “Has organizado un minifestival musical con el desfile de agrupaciones”.
Esa noche comprendí que los periodistas teníamos una ‘aureola de poder prestado’. Podíamos abrir puertas que solos no habríamos podido tocar.
Cuando llegan estos días y Valledupar vuelve a estremecerse con el Festival de la Leyenda Vallenata, no pienso primero en concursos ni coronas ni multitudes. Pienso en la memoria. En la nobleza de esos artistas. En un pueblo que ha hecho del acordeón un relato.
Nacido en 1968 por iniciativa de soñadores como Consuelo Araújo Noguera y Rafael Escalona, el Festival se convirtió en refugio del folclor, para que esta música no se perdiera con el tiempo.
Y este año, cuando el homenaje recae sobre Rafael Orozco e Israel Romero, el Binomio de Oro, siento que también se honra una época irrepetible.
Porque ellos no solo cantaron éxitos como Dime Pajarito, La Creciente o Muere una Flor.
Le pusieron elegancia al vallenato. Le dieron escenario. Lo llevaron más lejos.
Y nos dejaron canciones para seguir recordando.
Muy merecido el homenaje que este año les rinde el Festival.
Amo y apoyo el vallenato, hoy, mañana y siempre.







Maravilloso, Loor. Cómo me gustaría estar en mi tierra para gozarlos. Diviértete y te mando un abrazo de Mariela