Por Henry De la Espriella
Ya estamos en los primeros días del nuevo año 2026 y el saludo más común que intercambiamos cuando nos encontramos con personas que conocemos es “Feliz Año”. En estos primeros días, todo está como en pausa, pareciera que no hay afanes, no hay presiones y muchos disfrutan de sus vacaciones. Pero hay una frase muy marcada en el pensamiento de la mayoría: “este año sí voy a hacer realidad mis planes y mis sueños”; y eso, se explica en parte porque es el mejor momento, antes de ocuparnos, antes de llenarnos de tareas rutinarias y porque tenemos una motivación diferente y unas ideas guardadas que siempre nos dan vueltas en la cabeza por estas épocas; sin embargo, se estima que sólo entre el 8 y 12% de las personas logra cumplir efectivamente con sus propósitos de año nuevo.
El comienzo de año es una oportunidad poderosa para rediseñar nuestra vida con intención; planear un excelente 2026 significa construir un proceso continuo que combine, entre otras, claridad, acción y evaluación constante, mirando hacia el futuro con propósito y siguiendo un ciclo de mejora personal. Podemos tener como guía los siguientes pasos para poder lograrlo:
1. Claridad: todo gran año comienza con claridad. Antes de actuar, preguntémonos cómo queremos sentirnos al final del año o cuáles áreas de nuestras vidas queremos fortalecer, como la salud, el trabajo, las relaciones, el crecimiento personal, entre otras.
La claridad nos permite establecer metas que nos reten, no sólo cómodos deseos. Un objetivo claro actúa como una brújula, nos ayuda a decir qué sí y qué no merece nuestra energía.
2. Recopilación: una vez tenemos claridad, el siguiente paso es reunir información. Aprendamos de nuestras experiencias pasadas en años anteriores y analicemos qué funcionó y qué no. Mirar hacia el futuro también implica inspirarnos en otros, entendiendo que pueden darnos valiosas pistas.
3. Filtro: no toda la información ni todas las oportunidades son para nosotros. Filtrar significa quedarnos con lo esencial, esos hábitos, ideas y proyectos que estén alineados con nuestras metas de 2026. Aquí es donde abandonamos distracciones y compromisos innecesarios para darle espacio a lo que verdaderamente impulsa nuestro crecimiento.
4. Guía: con lo que hemos filtrado, creamos un plan sencillo y flexible, definimos prioridades y decidimos cuáles hábitos diarios nos acercarán a nuestras metas. La constancia es más poderosa que la perfección, un plan claro nos ayuda a avanzar, aún en los días difíciles.
5. Relaciones: las grandes metas no se construyen en solitario, las relaciones adecuadas nos motivan, nos retan y nos sostienen. Busquemos personas que compartan nuestros valores, que nos impulsen a salir de nuestra zona de confort y que crean en nuestra visión de futuro.
6. Acción: planear no es suficiente, un objetivo sin un plan de acción es sólo un deseo, los cambios ocurren cuando actuamos. Debemos dar pasos concretos, aunque sean pequeños, creando hábitos que nos impulsen y, manteniendo una constancia, marcaremos una diferencia entre un año promedio y un año extraordinario. Recordemos que avanzar con miedo es mejor que no avanzar.
7. Evaluación: el año ideal no es aquel en el que nunca fallamos, sino aquel que evaluamos y corregimos. Revisemos periódicamente nuestro progreso, celebremos los avances y ajustemos lo que no esté funcionando. Este paso cierra el ciclo y nos devuelve al primer paso, la claridad, permitiéndonos crecer de forma continua.
Planear nuestro 2026 requiere de nuestra visión de futuro, de metas que nos reten y de hábitos sólidos. Al integrar la claridad, la acción y la reflexión, convertimos el año en un camino de crecimiento consciente, donde cada paso es muy importante.
El 2026 no será perfecto, pero podemos lograr que sea intencional, significativo y transformador. Todo comienza desde hoy, con una decisión clara: diseñar nuestro futuro en lugar de dejarlo al azar.
Miembro certificado Maxwell Leadership – enrdelae68@gmail.com

