por Angélica Santamaría, Psicóloga
Al escribir este artículo pienso en Paul McCartney. En el 2012 cumplí mi sueño de verlo en concierto. Aparte de disfrutar la extraordinaria música, fue sorprendente ver su espectáculo de casi tres horas en las cuales cantó sin parar, tocó distintos instrumentos, bailó y saltó en el escenario. Era un cuerpo con setenta años de vida, que contagió a un numeroso público, con la vitalidad y alegría de un hombre de veinte. Hoy tiene 76, y continúa presentando alrededor del mundo su espectáculo y nuevas composiciones.
¿De qué, entonces, va la juventud? Sabemos que la vida es un ciclo, que al final todo pasa y acaba. A pesar de esta verdad tan repetida e indiscutible, el miedo a envejecer está a la orden del día, y gran parte de lo que consumimos tiene que ver con preservar la apariencia lozana y fresca de otro tiempo. Pero la juventud no es un asunto de botox, ni de magias anti-envejecimiento, ni de tintes para cubrir canas.
No es algo por lo que se trabaje en un spa de belleza. La apariencia corporal es apenas un “efecto de”.
Podemos encontrar dos extremos: Los más jóvenes, que viven esa etapa de la vida sin imaginar que ese tiempo acabará, que esa energía y capacidad de aguante del cuerpo no durará sin límite. Y están los que en edades más avanzadas sienten y piensan que ya la vida pasó, y por lo tanto ya no vale la pena hacer tantos esfuerzos.
Creo que ni lo uno ni lo otro. La juventud, la verdadera y duradera, es un juego de
espíritu, mente y actitud, que tal vez se puede cultivar y atesorar a lo largo de la vida.
La ciencia nos da algunas pistas a partir del funcionamiento de nuestro cerebro: se resumen en que el cerebro envejece cuando dejamos de aprender. Sucede cuando nos negamos el esfuerzo de vivir nuevas experiencias y adquirir nuevos aprendizajes, y esto no tiene edad. Así, podemos encontrar jóvenes de más de setenta años y ancianos de dieciocho.
Sí, es necesario cuidar nuestro cuerpo con alimentación sana, ejercicio ojalá diario, evitando el consumo de sustancias tóxicas (drogas y alcohol), buen dormir, y por supuesto la ayuda de cremitas y productos que consientan la piel. Pero sobre todo, juventud es un tesoro que se acumula cuando no vivimos en la pasividad, nos tomamos en serio aquello de “lo mejor siempre está por venir”, y cumplimos nuestros años con alegría y gratitud por seguir acumulando experiencias.
