“Mis autorretratos”
por Loor Naissir
Desde muy niña sintió atracción por el arte. Era como un imán; sus ojitos brillaban frente a una pintura de un buen artista. Apenas le compraron sus primeros lápices de colores Mariana Bojanini Daza pintó a su familia; después a sus amigas, su entorno, la playa, las palmeras y todo lo que era sensible para ella.
Siempre supo que esa era la profesión de su vida. En el Colegio Marymount demostró su inclinación por el arte, era líder y fue reina del Carnaval demostrando además sus dotes de bailarina. Recuerda que para Navidad y sus cumpleaños pedía de regalo pinturas, lienzos y pinceles. “Me hacían muy feliz”. Sus papás, Benjamín Bojanini y Martha Daza, ambos médicos, le decían que estudiara una profesión que le diera para vivir en el futuro.
Pero Nani, como la llaman cariñosamente, los convenció de que podía vivir de su arte, vendiendo sus óleos sobre lienzo, figurativos. Por eso la matricularon en la Universidad Javeriana, donde estudia dos carreras al mismo tiempo y va en sexto semestre: artes plásticas y diseño gráfico. Mariana es la típica ‘millennial’: tiene 21 años, sus facciones son muy lindas, es silenciosa, de contadas amigas, muy dulce en su trato y muy madura en cómo ve la vida. Sabe lo que quiere y para dónde va con su profesión. Durante su estancia en Barranquilla, donde viven sus papás, expuso 16 obras, entre pinturas al óleo y grabados sobre vidrio, en el Club ABC. Una exhibición de un solo día que mereció la admiración no solo de los artistas nativos, sino además de los invitados que se deleitaron con sus trazos: unos desnudos en los que se destacan la sensualidad y el empoderamiento de la mujer como algo estético, como una creación divina, perfecta, sin rostros definidos. Lo más curioso es que son autorretratos. Ella misma es su musa.
A Mariana le encantan los colores del Caribe, de nuestro trópico, pintar movimientos en tinta china, en carboncillo, en rapidógrafo, tiza y óleo. Su primera obra, a nivel profesional, se la vendió a una joven barranquillera que reside en Berlín. Quiere conquistar el mundo con su arte, que aprecien lo que hace. En su obra como en su vida rompe paradigmas en cómo debe vestirse la mujer. Ella es sobre todo minimalista. Cuando está triste pinta en azul y cuando está muy feliz, es una explosión de colores. Su esencia es bohemia, relajada, con su lado artístico conectado consigo misma. Sabe a qué hora empieza a pintar pero jamás a qué hora termina, porque pasa horas y horas en su taller y no se da cuenta de que el tiempo pasa y la vida continúa.





