Artesano de la palabra
Por Fausto Pérez Villarreal
Además de sus comprobadas habilidades como editor de libros sin ningún reparo para impulsar nuevos talentos — don que heredó de su padre Abel Ávila, reconocido escritor, investigador y gestor cultural —, Alfonso José Ávila Pérez tiene la gran virtud de contar historias, de despertar emociones y sensaciones y, sobre todo, de hacer disfrutar con el ejercicio de la lectura e incitar a la reflexión con la solidez de sus textos tanto en prosa como en versos.
Esa tarea la cumple sin mayor esfuerzo, pero sí con la debida concentración, compromiso y constancia porque él es un escritor y poeta de oficio y convicción.
El título de escritor y poeta lo ha edificado con creces a lo largo de su trasegar en la construcción de párrafos, y lo legitimó en 1999, con la publicación de su primer libro: ‘Las sagradas memorias de Nomereko’, editado por Casa Editorial Antillas Ltda., y que, muchos de sus textos fueron publicados en la reconocida revista española Número Uno. Con este libro, participó y ganó una beca con una agencia publicitaría en Estados Unidos, al tiempo que fue traducido al inglés y publicado por Bison Books (2001), cabe destacar que tanto su padre como el escritor Tomás Rodríguez Rojas, fueron piezas fundamentales en este proceso.


Tras compilar en seis libros a más de cuarenta poetas en los Colectivos poéticos María Mulata, tomos del uno al seis, entre 2011 y 2016, Alfonso se constituyó, en 2020, en uno de los ganadores, con su obra ‘Las piedras están cansadas’, en la modalidad de creación de novela corta, del Portafolio de Estímulos, Germán Vargas Cantillo del Distrito de Barranquilla.
La obra en mención fue publicada por SantaBárbara, la casa editorial fundada en 2009 y dirigida, desde 2016, por Alfonso.
‘Las piedras están cansadas’ “está relatada con un lenguaje coloquial, sin poses de acartonado academicismo ni elucubraciones seudoliterarias”, tal como lo afirma el escritor cartagenero Juan Carlos Céspedes, quien además agregó que la trama “fluye ante el lector de manera diáfana y agradable sin importar que la historia sea biográfica o de ficción”.
Comunicador Social-Periodista de profesión y Gestor Cultural de oficio, Alfonso publicó en 2015, en SantaBárbara, el poemario ‘Deseo mi nombre escrito en tu piel’ y en 2023 ‘Cantata de lo efímero’, también libro de poemas.
Con el paso de los años, la labor de Alfonso Ávila se ha hecho visible gracias a su rol de editor. Probablemente, por tal razón pocos reconocen su impronta como escritor y poeta. Resulta innegable, eso sí, que él, en el panorama literario del Caribe colombiano, inspira, por igual, a generaciones de escritores y de lectores.


Este fue el corto diálogo con Alfonso:
F.P.V.¿Cómo se define Alfonso Ávila?
A.A.P. – Soñador. Sí creo en el potencial del ser humano. Y eso me ha llevado por un mar de sinsabores, pero también ha valido la pena.
F.P.V. Escritor, poeta, lector, editor, gestor cultural, ¿en cuál faceta logra a plenitud su satisfacción personal?
A.A.P. Editor, indiscutiblemente. Amo leer y hacer libros, debatir durante el proceso. Desde donde va una coma hasta que tipo de papel llevará el libro, el acabado de la portada y muchas cosas más, propias del proceso.
F.P.V. ¿Cómo evalúa la situación de las casas editoras en Colombia?
A.A.P. Difícil. Estamos incrédulos pensando que algún día tendremos gobiernos que inviertan más en los libros que en la guerra.
F.P.V. ¿Cuál es el principal obstáculo que se presenta a la hora de publicar un libro en Colombia?
A.A.P. Los costos, el valor del papel no tiene control. Nadie lo regula y entidades que dicen llevar la vocería no hacen nada. Fíjate este detalle: han variado todas las leyes existentes, pero aún en este momento la Ley del Libro no contempla ni siquiera la existencia del libro electrónico… He presentado dos iniciativas y a nadie le ha interesado.


F.P.V. Según su criterio, el escritor ¿nace o se hace?
A.A.P. Ambos, lo malo es cuando nace, necesita formarse, pulirse y ahí el acompañamiento es vital, la buena lectura es como un gran profesor. Y si se hace, en algunas ocasiones o casi siempre, pierde su esencia y creatividad al querer estar en un establecimiento o bajo una norma.
F.P.V. ¿Cuál es la importancia de las universidades en el proceso del desarrollo de la escritura?
A.A.P. La universidad catapulta al estudiante, le da el título que necesita; pero, no es la que hace que sea o no un buen escritor. Como en la respuesta anterior, si no tienes una buena estructuración todo es viable.
F.P.V. Poesía, ficción o realidad, ¿cuál de esos tres géneros tiene mayor aceptación entre los lectores?
A.A.P. Los tres. No es mentira que la poesía se vende poco, pero marca en el mercado, por los eventos y por las comunidades. Aprendiendo a administrar ese proceso, se puede hacer un buen trabajo. Ahora bien, la ficción es agradable; pero indiscutiblemente en un país como Colombia la realidad es nuestra mejor ficción.
F.P.V. En condición de editor, ¿a qué tipo de libro definitivamente no le daría el aval para su publicación?
A.A.P. No. No soy capaz de rechazar una obra, por más defecto que tenga es el proceso del editor pulir y presentarla a la crítica. En cada editorial debe haber criterio para tener un universo de libros y que sean los lectores los que digan si bueno o malo.
F.P.V. ¿Qué significación tuvo para usted el Premio Portafolio de Estímulos a la Mejor Novela Corta por su obra ‘Las piedras están cansadas’?
Significó mucho, aunque no tenía mucha expectativa.
A.A.P. Muchos de estos premios están cantados o ya tienen nombre y apellido, y así se veía años atrás. Y no es mentira que fui perseguido y calumniado en varias oportunidades por el regente de la cartera y por algunos funcionarios, pero ellos a los golpes entendieron que eran aves de paso y yo me desvivía por el sector. Esa era la diferencia.
Mi participación tumbó un velo y afirmó sin duda que después de ese año, la participación aumentó considerablemente y eso se debe a que fui crítico años anteriores porque siempre eran los mismos con las mismas. He dejado de criticar y esas estructuras han regresado a hacer de las suyas. Pero, pese a eso, creo y estoy seguro de que la entidad que lo realizó se quedó corta en la promoción y divulgación de las obras que se presentaron y ganaron. Mientras estas instituciones tengan como directivos a personas que no se identifiquen por y con el sector las cosas no cambian, y es así como se denota que están ahí porque son cuota política de alguien a quien se le paga el favor. Barranquilla no es solo Carnaval.



F.P.V. ¿Qué pretende con sus obras?
A.A.P. Nada, uno escribe porque le nace y no esperar premios ni distinciones. Quiere que gusten que la lean, lloren o rían o cojan rabia como uno hizo cuando la estaba haciendo o creando. Si se lee y gusta, entendemos que lo hiciste bien.
F.P.V. ¿Cómo define el universo de las letras?
A.A.P. Infinito, plural…
F.P.V. ¿Cuál fue la principal enseñanza que le dejó su padre, el maestro Abel Ávila?
A.A.P. El trabajo. Desde pequeño me enseño que la vida es difícil, pero se debe poner buena cara, disfrutar lo que se hace y que cualquier oficio se debe hacer con placer, el dinero viene después.
F.P.V. A la hora de escribir, ¿existe para usted la inspiración, eso que llaman Musa?
A.A.P. Sí, obvio. Pero, ese es un tema que me saca sonrisas y dolor, así que mejor dejarlo ahí.
F.P.V. ¿Qué libro o libros son inolvidables para usted?
A.A.P. Muchos. En mi haber tengo varias reliquias, que leo y releo y que disfruto; entre otros las obras de Zecharia Sitchin, ‘El doceavo planeta’ es mi preferido y es tanto que conseguí una edición original del año 76. Me gusta la poesía de Rafael Núñez y heredé de mi padre una amplia colección de libros de autores del Caribe y admiro y valoro la obra de escritores nacionales y de la Costa Caribe a muchos y aunque tengo una lista de favoritos, más que por obvias razones no la diré pues corro un riesgo de herir sentimientos.
