el bate barranquillero que hace historia en el béisbol universitario de EE.UU.
Por Carolina Ethel
Fotos cortesía de Romeo T Guzman/BCU Athletics
Barranquilla vuelve a brillar en el diamante gracias a Andrey Martínez. El pelotero nacido en el Barrio Modelo, que aprendió a batear con su abuelo, con un puñado de almendras y los palos de escoba de la casa, protagonizó una de las hazañas más memorables del béisbol universitario de primera división de los Estados Unidos con un cuadrangular de tres carreras en el último inning, que le dio la victoria a los Wildcats de Bethune-Cookman sobre Florida A&M (11-9) y les entregó su primer título en la historia del Torneo de Béisbol de la Southwestern Athletic Conference (SWAC), hace apenas unas semanas.
El analista de ESPN, Jay Walker, lo decretó emocionado y en directo, mientras Martínez se paraba en el home: “O lo ganan con este turno al bate, o lo pierden con este turno al bate”. Como si le contestara, Martínez conectó un batazo que se fue por encima de los .400 pies y que selló una remontada épica en el mítico Rickwood Field de Alabama. Fue el jonrón número 20 de la temporada para el barranquillero, un walk-off con el que igualó el récord histórico de su universidad. Con ese swing, Martínez no solo cambió el marcador: también aseguró la clasificación de su equipo al Torneo Regional de la NCAA, un logro que los Wildcats no alcanzaban desde 2017.
“Solo pensaba en hacer contacto y empujar una carrera. Cuando vi que la bola salía del estadio, no lo podía creer”, declaró el colombiano tras la final, el pasado 25 de mayo. Para su entrenador, Jonathan Hernández, “fue el momento más grande del año, y Andrey estuvo a la altura”.
El cronista Chris Vinel, del Daytona Beach News-Journal arrancó su reporte sobre este partido, como un cuento: “Es exactamente como cualquier niño lo habría dibujado. Dos outs al cierre del noveno. Dos jugadores en base. 9-8 perdiendo ante el archirival. Y Andrey Martínez completó el sueño”.
Sport Ilustrated lo relató de esta manera: “Con dos outs, Andrey Martínez se acercó tranquilamente al plato como un pistolero del Viejo Oeste. Recibió dos bolas del lanzador de FAMU, Carson Kelly, antes de enviar la pelota por encima de la barda de manera épica con un jonrón de oro”.
Para HBCQ Sports, quien tituló “Martínez, el gigante”, el pelotero barranquillero “quien llegó al juego con un promedio de bateo de .349 y liderando la SWAC con 19 jonrones, ya había dejado huella a lo largo del torneo. Pero será su último turno al bate el que vivirá para siempre en la historia de los Wildcats”.
Pero el poderoso del bate no solo cerró con un minuto de infarto el partido con el jonrón que definió el campeonato, en total anotó dos carreras e impulsó otras cuatro y durante todo el encuentro fue clave en tercera tanto en la defensiva como en la ofensiva.

La chequita, el barrio, el deporte que une en las calles de Barranquilla
Martínez es un ejemplo de talento forjado con disciplina, gracias a su temprana madurez, su decisión de apostar por el deporte como vocación y profesión y el respaldo incondicional de su familia. A los cuatro años se enamoró del béisbol, un deporte que siempre ha apasionado a su familia y en especial a su padre que también llegó a formar parte de la Selección Atlántico. Fue con él que empezó a entrenar todos los días y desde los ocho lo ha acompañado a jugar en varios puntos del país con las selecciones Atlántico y Colombia en todas las categorías posibles.
“El béisbol es un deporte que te exige mucho porque el que menos falle es el que consigue la victoria. Es difícil, te reta, y eso es lo que me gusta: se parece mucho a la vida. Hay que trabajar duro cada día y perfeccionar tus habilidades para salir adelante”, comenta por teléfono desde la residencia en Daytona Beach que comparte con colegas deportistas de varias partes del mundo que, como él, están lejos de casa, persiguiendo sus metas.
Ferviente seguidor del Junior de Barranquilla, Andrey también juega bola e’ trapo y, además de innovar con su abuelo bateando almendras en el parque, es aficionado a la chequita que ha sacado del “estadio” más de una vez en las calles de los barrios Modelo, Montecristo y Barrio Abajo, donde ya comparte barra con su ídolo, Edgar Rentería y donde, de momento, solo ha llegado a ser subcampeón con el Team Martínez, junto a su papá y su hermano, ambos José Antonio, en el ya tradicional torneo de vecinos que se juega todos los 31 de diciembre en el enclave de las calles Paraíso y Topacio (calle 48 con carrera 53).
“Barranquilla es mi casa. Extraño a mi familia, mi barrio… desde Barrio Abajo hasta Modelo, pasando por Montecristo. Allá tú no puedes caminar una cuadra sin saludar a diez personas. Ese cariño genuino no lo cambio por nada del mundo, esté donde esté”, dice soltando una carcajada nostálgica.
En 2022, apenas llegado a Estados Unidos con una beca deportiva, producto de uno de los tantos try-out en los que participó, gestionado por el programa Top Property Colombia, de Boris Villa, Martínez fue escogido como Jugador del Año por la Liga Americana NJCAA en el Distrito 8, una de los más exigentes del béisbol universitario.
Desde entonces y mientras adelanta sus estudios de Negocios Internacionales, no ha dejado de imprimir su sello en cada uno de los campeonatos que ha jugado, en los que ha sido talismán para sus equipos. Con Titanes de St. Petersburg College, se mantuvo como el mejor jugador (MVP) durante dos años consecutivos con un average de .352, 22 jonrones e impulsando 106 carreras y fue seleccionado para el primer equipo del Estado.
Este año, en Wildcats, con una línea ofensiva de .349/.426/.730, 66 jonrones en 189 turnos oficiales, de los cuales coronó 13 dobles, 1 triple y 19 cuadrangulares, 59 carreras impulsadas y 55 anotadas, Andrey Martínez se consolida como uno de los peloteros colombianos con mayor proyección internacional.
Su nombre ya resuena en los radares del béisbol profesional, y su historia -que comenzó con campeonatos de chequita en las calles de Barranquilla y partidos en torneos locales y nacionales en el Edgar Rentería, otrora Tomás Arrieta- es hoy motivo de orgullo para todo un país, pero, sobre todo, para los barrios del corazón de Barranquilla que lo han visto crecer y disfrutar de la pelota caliente y la salsa brava en -casi- iguales proporciones.
