Entre risas y malabares
por Ana María Khouri
Con su nariz pintada de rojo y una enorme sonrisa, Carolina Duncan ha conquistado al mundo circense. Desde educar esquimales en Alaska hasta divertir a refugiados sirios en Grecia, esta barranquillera cuyo personaje es una payasita llamada CoiCoi, ha sido la única mujer payasa colombiana en hacer parte del circo los Ringling Brothers, que tiene 147 años de antigüedad.
Llena de carcajadas y mucha inocencia, Carolina siempre ha divertido a todos los que la conocen con sus ocurrencias y destrezas; desde muy pequeña era una deportista innata, amaba jugar racketball y fue campeona de tenis del Atlántico, pero su pasión siempre fue el teatro y la actuación. Fue entonces cuando, estudiando teatro, tomó una clase de “payaso” que le marcó su vida; la improvisación y la interacción con el público cambió el rumbo de sus sueños y así a los 20 años se mudó a Chicago, Estados Unidos.
Ya viviendo en el país del norte conoció a unos artistas argentinos que la contrataron y le enseñaron a hacer malabares y acrobacias; fue así como poco a poco comenzó a darle vida a CoiCoi, el cual pasó de ser su apodo familiar y a convertirse en su nombre espiritual y artístico. Este divertido personaje que ha desarrollado con tanto amor lo describe como “la personificación de la libertad inocente, que es ilógica pero al mismo tiempo racional, es una paradoja”.
CoiCoi ha tomado forma con estudios, mucha dedicación y disciplina. Escuelas como el Conservatorio de Payaso de James Donlon en Ashland, Oregon y el Circus Center en San Francisco, California, han sido fundamentales para aprender técnicas de marionetas, máscaras, mimo, trapecio, malabares y monociclo. Ha estado de gira con el circo independiente Circus Pandemonium por dos temporadas y con el antiguo circo Ringling Brothers con quienes llegó a conocer, en solo 18 meses de gira, 40 estados diferentes de Estados Unidos.
Carolina vive una vida poco sedentaria pero muy divertida. Ha tenido el placer de conocer mucha gente y viajar a muchos países como Suiza, Israel, Grecia, Turquía, Francia, España, Italia, Guinea y muchos más. “El mundo del circo es tan pequeño pero a la vez tan grande! un día mientras me encontraba en Israel e iba camino al mar Muerto con dos amigas, ví a un malabarista en la calle, y le grité: “Hola, yo también soy malabarista! Él me saludó y me contó su historia y cruzamos contactos. Cuando nos dimos cuenta que de regreso de nuestro paseo no había buses de vuelta, se me ocurrió llamar al nuevo amigo malabarista, quien muy amablemente nos rescató e invitó a su casa. Cuando llegamos con gran sorpresa vi que en su refrigerador tenía una fotografía de él y dos amigos míos alemanes, y le dije: Wow, definitivamente este mundo es un pañuelo!
Para Carolina ser payaso es “relacionarse con la parte humana de cada persona, es crear una conexión entre las memorias y la vida cotidiana, es reírse de sí mismo. Para ser payaso hay que estudiar las cosas tontas que pasan diariamente y darles vida con la actuación; de esta forma el espectador se da a sí mismo el permiso para reírse del payaso y no de otra persona si le llegara a estar en la misma situación”.
Pero su trabajo va más allá de sacar sonrisas: Carolina es una educadora de Circo Social, un movimiento educativo que la ha llevado a aplicar las artes circenses como una herramienta social enseñando habilidades físicas como equilibrismo, zancos, acrobacias en pareja, malabares; pero además habilidades emocionales donde juegan valores como la disciplina, la perseverancia, la tolerancia y el respeto, buscando establecer una filosofía de vida desde la que se sueña con una sociedad más incluyente y equitativa.
Para Carolina ser payaso no tiene límites; como educadora ha enseñado a personas con discapacidades físicas y cognitivas. “Ser artista circense es un tema de auto-superación, disciplina, trabajo en equipo, competencia sana; uno no compite para ser mejor que el otro sino para crear una mejor versión de uno mismo”.
Para desarrollar su vida profesional ha logrado establecerse entre Estados Unidos y Colombia. Este año ha tenido la oportunidad de trabajar en su ciudad natal, Barranquilla, dictando talleres con las Casas Distritales de Cultura, la Universidad del Norte y la Fundación Nu3. Además se ganó una beca del Ministerio de Cultura para ir como representante de Colombia a un festival de payasería femenina en Brasil, lo cual es muy importante para abrirle más las puertas a mujeres payasas en un gremio predominantemente masculino.
fotos Jairo Guzmán
