testimonio de vida, fe y emprendimiento
por Fausto Pérez Villarreal
Su sonrisa espontánea, cautivadora, llena de gracia, y su facilidad para crear empatía con la gente, la convirtieron en una de las reinas más carismáticas del Carnaval de la 44, evento folclórico de multitudinaria aceptación entre los nativos y residentes en Barranquilla, liderado por el licenciado Edgar Blanco.
Encabezó el magno evento, paralelo al Carnaval de Barranquilla, de 2002. Ese mismo año representó al departamento del Atlántico en el Reinado Nacional de la Ganadería, en Montería.
Durante diez años consecutivos se destacó como la animadora oficial del Carnaval Internacional de las Artes, el reconocido evento cultural que antecede las carnestolendas de Barranquilla.
Giselle Barceló Cunha, a sus 36 años, costeña de pura cepa, con ancestros soledeños, es un genuino milagro, testimonio inequívoco de que Dios existe.
Esta comunicadora social, docente, emprendedora, felizmente casada y madre consagrada a sus hijos, David, Daniel, Nashua y Luciana, recuerda, con los ojos humedecidos por la emoción, que teniendo ella siete meses de gestación en las entrañas de su madre, los médicos le vaticinaron pocas posibilidades de vida.
Y no era para menos: en el séptimo mes del segundo embarazo de Margarita Cunha, el ginecólogo descubrió que el feto traía una masa en el pecho.
“En esa época, 36 años atrás, la ciencia no estaba tan adelantada como ahora, que se puede saber con anticipación si el bebé puede venir al mundo con malformaciones. Las ecografías no eran ciento por ciento confiables. Sí revelaban una anomalía, pero solo se esclarecía todo en el nacimiento. El caso fue que vine al mundo con el tiempo de gestación normal y solo cuando me sacaron fue que pudieron constatar que yo tenía una hernia diafragmática”.
¿Y qué es eso? Algo realmente grave y de pronóstico descorazonador. La bebé había nacido sin diafragma. Tenía un orificio en medio del pecho y el estómago, y todos los órganos estaban revueltos en el pecho. Así mismo, un pulmón no alcanzó a desarrollarse y el corazón estaba ubicado en el lado derecho.
Con esa condición, las probabilidades de vida eran nulas, pues los porcentajes estadísticos arrojaban que el 99 por ciento de los fetos que padecen esa anomalía no logran sobrevivir por su poca evolución física. Así las cosas, para la madre el dolor fue intenso y el llanto convulsivo ante la lapidaria sentencia del médico: “Cuando mucho solo tendrá 48 horas de vida”.
Entonces, no se perdió tiempo y la bebé fue sometida a un procedimiento operatorio de alto riesgo, durante 12 horas. Con precisión milimétrica, el equipo conformado por el cirujano, el instrumentista y el ayudante de cirugía, reubicaron todos los órganos, a excepción del corazón, que quedó inamovible en el lado opuesto al que ocupa, en un altísimo porcentaje, en la anatomía humana.
Con los años, a Giselle le explicaron que le colocaron una banda elástica a manera de diafragma que, gracias a Dios, no fue rechazado por su organismo.
“Mi madre no se cansa de repetir la sentencia del médico cuando ella me tenía en los brazos, recién nacida: ‘si usted tiene fe en su Dios, pídale por la vida de esta criatura porque las probabilidades de que sobreviva son casi improbables’. Mi madre, por supuesto, se aferró a su Dios. Y la fe y la misericordia de su Dios me sacaron adelante. Eso sí: crecí en medio de un cuidado estricto: no me llevaban a fiestas, ni a sitios concurridos, y mi alimentación era especial. No podía jugar con niños de mi edad como prevención al contagio de una gripa u otra afección; por supuesto, nadie, excepto mi mamá, podía cargarme. Mi vida fue una aburrida rutina reducida a las cuatro paredes de mi habitación. Vine a conocer el goce de la infancia a los nueve años, cuando los médicos se convencieron de que ya estaba apta para llevar una vida normal”.
Una hoja de vida respetable
Giselle es graduada de la Universidad Autónoma del Caribe. Fue asesora de la Alcaldía de Barranquilla durante la primera administración de Alejandro Char y más tarde de Elsa Noguera.
En la actualidad es docente de la Universidad del Norte, de Barranquilla, y Sergio Arboleda, de Santa Marta, donde sobresale por la excelente evaluación de sus estudiantes. En ambas instituciones educativas dicta la cátedra de Comunicación Asertiva. Del mismo modo, orienta a todo aquel que sienta pánico escénico. Y su sentencia es inapelable: “Sin preparación no hay asertividad. Para hablar con éxito se requiere de compromiso y dedicación. ¿Qué esperas para hacer la diferencia a través de la oralidad?”.
Es la segunda entre dos hermanos. Su padre es Freddy Barceló Martínez-Aparicio, soledeño raizal, hijo de otro soledeño ilustre: Antonio Barceló Escorcia.
A nivel de medios periodísticos se destacó por su desempeño como presentadora de Blu Radio.
Esa es Giselle Barceló, una mujer activa y saludable que transpira alegría y Carnaval, una mujer de ‘perrenque’ que representa humildemente, pero con firmeza, la grandeza del ser Caribe.

He leído con gran interés su artículo sobre Giselle Barceló – La Ola Caribe y puedo decir que es uno de los mejores artículos que he leído.