Mi padre fue único y mi historia apenas se está escribiendo
“La música es un río que fluye a través de nuestras venas, conectándonos con nuestras raíces y proyectándonos hacia el futuro”.
Estas palabras resuenan en la mente del barranquillero Jorge Oñate Dangond, mientras crecía en Valledupar, rodeado de la calidez y el amor de su madre y de sus dos hermanos.
Los primeros estudios sobre música los hizo en Bogotá y después se graduó de abogado en la Universidad Autónoma del Caribe de Barranquilla, pero jamás dejó de lado su pasión por la música.
“Aunque mi padre, Jorge Oñate, era un ícono del Vallenato, su legado va más allá de su voz inigualable. A través de su potente voz me enseñó que la música es un don para transmitir emociones y valores”.
Jorge recuerda las historias que le contaban sobre su nobleza y disposición de servir, y cómo su madre, con su amor incondicional, le inculcó esos mismos valores.
“Mi herencia musical no es solo la capacidad para cantar, sino la pasión y el amor por nuestra cultura. Nunca intenté emular a mi padre; en lugar de eso, busqué encontrar mi propia voz, mi autenticidad”.
Su lanzamiento oficial fue posterior a su muerte. Precisamente La Ola Caribe lo descubrió mientras estudiaba Derecho. Fue antes de terminar la década de 2010 cuando empezó a dar sus primeros pasos. Y la revista lo siguió a través de las redes sociales.
Al conocer su vertiginoso camino musical fue invitado para ilustrar junto con Fausto Chatella, la portada de la edición de Amor y Amistad.
Jorge Oñate Dangond ha tenido la oportunidad de recorrer gran parte del país y traspasar fronteras llevando la música y la cultura de su tierra.
Este es un capítulo de su vida que lo llena de gratitud y emoción, sabiendo que puede honrar su legado de una manera significativa.
“La música es un viaje que se recorre individualmente, pero con la guía de aquellos que han venido antes que nosotros, podemos encontrar nuestro propio camino y dejar nuestra huella en el mundo”.
Jorge no solo canta la música de su padre. También rinde homenaje a otros juglares del vallenato y lo hacen con gran pasión, porque ama esta música que lleva en su sangre, a mucho honor.
Este fue el diálogo de Jorge con La Ola Caribe:
Llevar el apellido Oñate y ser hijo del recordado Ruiseñor del Cesar es, sin duda, un privilegio, pero también un gran desafío. ¿Cómo ha sido para ti abrirte camino en el vallenato llevando sobre los hombros una herencia musical tan grande?
-Es un privilegio inmenso, pero también una responsabilidad que siento todos los días. Ser hijo de Jorge Oñate hace que inevitablemente exista una expectativa muy grande alrededor de lo que uno hace, y yo la entiendo porque sé lo que significa el apellido que llevo.
Pero también he aprendido que mi camino no puede consistir en intentar repetir lo que hizo mi papá. Él fue único y su historia ya está escrita. La mía apenas se está escribiendo.
Yo quiero recibir ese legado, aprender de él y utilizarlo como punto de partida, no como un límite. Quiero que mi apellido me recuerde de dónde vengo, pero que mi música sea la que diga hacia dónde voy.
Para mí, el verdadero desafío es lograr que algún día puedan hablar de Jorge Antonio Oñate no solamente como el hijo de una leyenda, sino como un artista que, desde su propia generación, hizo algo importante por nuestra música caribe y por Colombia.
Tu padre dejó una manera muy particular de interpretar el vallenato. ¿Qué aprendiste de él que hoy llevas contigo cada vez que subes a un escenario y qué sientes que quieres construir con tu propio sello?
-De mi papá aprendí que interpretar una canción es mucho más que cantarla. Es contarla, sentirla y lograr que quien está al otro lado pueda vivir lo que está diciendo. También aprendí el respeto por la música, por las canciones, por los músicos y por el público. Él tenía una personalidad muy marcada y una manera de interpretar que hacía que uno supiera inmediatamente que estaba escuchando a Jorge Oñate. Eso es algo que admiro muchísimo.
Yo quiero construir algo parecido en ese sentido: una identidad propia. Quiero que mi música tenga raíces vallenatas, porque esa es la tierra de la que vengo, pero también quiero tener la libertad de explorar, de proponer y de hacer canciones que representen lo que soy y lo que vive mi generación.
No quiero ser una réplica de mi padre. Quiero ser un artista que recibió una herencia extraordinaria y que tuvo la capacidad de transformarla en su propio lenguaje.
Eres joven, tienes una nueva generación de seguidores y estás entrando a un mundo musical cada vez más competitivo. ¿Qué crees que debe tener un artista para conquistar al público sin perder la esencia del vallenato tradicional?
-Creo que primero tiene que entender que conservar las raíces y evolucionar no son cosas contradictorias.
Nosotros vivimos en un momento en el que la manera de consumir música cambió completamente. Las nuevas generaciones escuchan diferentes sonidos, descubren canciones en segundos y tienen acceso a música de todo el mundo. Pretender que el vallenato permanezca exactamente igual sería desconocer esa realidad.
Pero tampoco creo que la solución sea dejar de ser vallenatos para poder llegar a un público joven.
Yo quiero hacer las dos cosas: poder interpretar un vallenato tradicional y sentirme orgulloso de hacerlo, pero también poder explorar sonidos más contemporáneos, universales y nuevas formas de hacer música que me permitan competir en el mercado actual.
Porque mi sueño no es solamente que escuchen mi música en Valledupar o en Colombia. Mi sueño es que una canción que nació en esta tierra pueda viajar por el mundo y que, cuando alguien la escuche, pueda sentir que detrás de ella hay una raíz vallenata, Caribe y colombiana.
En una época en la que muchos artistas buscan fusionar el vallenato con otros géneros, tú has decidido caminar muy cerca de la tradición. ¿Qué significa para ti defender ese sonido y qué tan difícil es hacerlo en estos tiempos?
-Yo no siento que tenga que escoger entre tradición y evolución. Para mí, las dos pueden convivir.
Amo profundamente el vallenato tradicional y seguiré cantándolo, porque es parte de mi historia, de mi familia y de la cultura de esta tierra. Pero también entiendo que la música tiene que trascender y que cada generación tiene derecho a encontrar nuevas maneras de expresarla y sentirla.
Además, hay algo muy importante: yo no quiero que el vallenato sea solamente algo que recordemos. Quiero que siga siendo una música que se cree, que se escuche, que se transforme y que pueda competir con cualquier género en el mercado internacional.
Por eso estoy abierto a las propuestas y a los sonidos contemporáneos. No quiero quitarle la raíz vallenata a mi música; quiero llevar esa raíz a lugares donde todavía no ha llegado.
Mi sueño es que podamos hacer música desde Valledupar, desde la tierra del vallenato, que conserve ese ADN pero que pueda dialogar con el mundo. Y que algún día alguien escuche una canción mía en cualquier lugar del planeta y pueda decir: “esto viene de Colombia”.
Más allá del apellido, de la música y de los escenarios, ¿quién es Jorge Oñate cuando se apagan las luces? ¿Qué sueña el joven que está detrás del cantante y hasta dónde quiere llegar con su música?
-Cuando se apagan las luces sigo siendo Jorge: una persona muy familiar, que disfruta las cosas sencillas, que tiene sueños grandes y que todavía siente esa emoción especial cada vez que se sube a un escenario.
Creo que una de las cosas que más me mueve es precisamente pensar hasta dónde puede llegar una canción que nace aquí. Nosotros tenemos una riqueza cultural y musical enorme, y muchas veces no somos conscientes del potencial que tiene Colombia para hablarle al mundo.
Yo sueño con representar a Colombia internacionalmente a través de mi música. No solamente como un cantante vallenato, sino como un artista colombiano que pueda tomar las raíces de esta tierra, mezclarlas con sonidos que conecten con el público de hoy y llevarlas a escenarios de todo el mundo.
Quiero que mi música tenga Valledupar, tenga Caribe, tenga Colombia, tenga vallenato, pero que también tenga futuro.
Y, por supuesto, quiero llegar muy lejos. Pero hay algo que para mí es todavía más importante: quiero que el camino tenga sentido. Que cuando mire hacia atrás pueda sentir que no intenté ser otra persona ni repetir una historia que ya existía, sino que construí la mía, honrando de dónde vengo y atreviendome a descubrir hasta dónde podemos llegar.
Quizás ese sea el verdadero desafío de Jorge Oñate Jr.: llevar sobre los hombros un apellido que pertenece a la historia del vallenato y, al mismo tiempo, encontrar su propia voz para escribir la página que le corresponde.
No parece tenerle miedo al peso de la herencia. Por el contrario, la asume con respeto, pero también con la mirada puesta en el futuro. Sabe de dónde viene, conoce la música que recibió como legado y entiende que honrarla no significa quedarse anclado en el pasado.
Su apuesta es otra: que el vallenato conserve su alma, pero encuentre nuevos caminos para llegar a quienes todavía no lo conocen. Que pueda cruzar fronteras sin perder su acento, dialogar con otras generaciones sin renunciar a sus raíces y demostrar que una música nacida en el corazón del Caribe todavía tiene mucho que decirle al mundo.
Jorge Oñate Jr. ya empezó a escribir su propia historia. Y tal vez lo más interesante de este capítulo no sea cuánto pesa el apellido que lleva, sino hasta dónde será capaz de llevarlo. (LN)
Ver entrevista a la revista La Ola Caribe en octubre de 2018
Fotos Alex Riquett

