Así se conocieron Emil Maraby y Tita Giraldo
por Loor Naissir
En Barranquilla hay una pareja de médicos muy apreciada por la manera de ser de ambos: espléndidos, carismáticos, solidarios y con una gran calidez humana.
Se trata de Emil Maraby, cirujano vascular y Teresita ‘Tita’ Giraldo, otorrinolaringóloga, dueños de un exquisito sentido del humor.
Son el uno para el otro. Cuidan su matrimonio y les encanta viajar juntos, con sus hijos Shadia y Salim y de ñapa con los papás de Tita, Rodrigo Giraldo y Janeth Gechen, unos suegros encantadores, también bacanos, que se le miden a todos los paseos nacionales y en el exterior.
La historia de amor de Emil y Tita tiene un ingrediente que lo hace único: se conocieron después de una tormenta en un vuelo de Bogotá a Buenos Aires, Argentina.
Emil recuerda que todo pasó en diciembre de 1995. “Tomé mis primeras vacaciones desde que había iniciado la especialidad de Cirugía Vascular Periférica en Argentina”.
Habían transcurrido dos largos años que pasó entre hospitales y mucha lectura.
Lleno de una alegría indescriptible llegó a Cartagena, y unos días después se fue a su natal Sincelejo. “Me acompañaba un amigo argentino a quien invité para que conociera Colombia. En esos días hubo fiestas, reuniones de viejos amigos y la infaltable visita a las playas de Coveñas y Tolú. Mi regreso a Buenos Aires estaba previsto para finales de enero.
En la primera semana del nuevo año de 1996, una colega me llamó para decirme que un médico colombiano había informado en mi sitio de trabajo que yo no volvería. Su intención era quedarse con mi puesto. Alarmado por la posibilidad de perderlo, decidí adelantar el regreso y comencé a buscar pasajes para la segunda semana de ese mes”.
A través de la agencia de un amigo logró conseguir los dos cupos para el 21 de enero.
Él cuenta que a las dos horas de vuelo se presentaron turbulencias. “El avión se movía muy fuerte. Vi a una chica nerviosa, en la misma fila de mi asiento, que iba angustiada y casi llorando. Le hablé para calmarla y cuando el momento difícil pasó, ella se quedó dormida. Y yo quedé con ganas de seguir hablando. Miré hacia atrás, vi a una bella mujer, de expresión amable y vestida con una rigurosidad armoniosa. Decidí hablarle e inicié una charla con ella mencionando lo de la turbulencia. A su lado iba una señora de contextura menuda, que dormía profundamente; era su empleada doméstica a quien se la llevaba de Barranquilla.
La conversación duró unos quince minutos y ella contó que estaba haciendo su especialidad en otorrinolaringología. Nos sorprendimos al mencionar que, a pesar de vivir en la misma ciudad y asistir a sitios comunes, no nos habíamos visto jamás.
Como soy fanático de la música, le hablé del grupo merenguero Rikarena, que estaba de moda para esa época. Al finalizar el vuelo, le dije que yo podía darle un cd de ese grupo y de otros artistas. Le solicité su número telefónico y me lo dio en medio de la promesa de llamarla en días posteriores.
El viernes siguiente la llamé y la invité a un bar del sector de la costanera, un sitio icónico de la ciudad. Asistió con dos amigas y a mí me acompañó un amigo. Si bien lo nuestro no fue un amor a primera vista, sí hubo una empatía desde el inicio. En medio de charlas, anécdotas y conversaciones relacionadas con nuestras vidas y proyectos, nos fuimos enamorando hasta que le propuse iniciar un noviazgo.
Un año y tres meses después de iniciar nuestra relación amorosa, le propuse matrimonio y ella aceptó. Sus grandes cualidades me enamoraron y consideré que llenaba las expectativas para ser mi esposa”.
Emil y Tita se casaron en la Iglesia de la Inmaculada Concepción de Barranquilla y regresaron a Buenos Aires un año más para terminar la especialidad de ambos.
Tita, nacida en Magangué, Bolívar, es una líder nata. Tiene amigas por montones y una sola llamada de ella pone eléctricas a sus colegas.
Para la cena de amigas de la Fundación Compañía de Amigas se presentó con trece amigas, pero ‘amigas de verdad’, que la quieren y le festejan todo.
Es una de las entusiastas asistentes a la Fiesta de Polleras de la misma Fundación y va con un grupo alegre y con lindas y coloridas pintas.
Además de su trabajo profesional Emil se ha impuesto una tarea: apoyar el talento de su hija Shadia y sus dos amigas también talentosas: Andrea Navarro y Marianna Grosso. Es el representante de este proyecto musical llamado Martini.
Son una pareja que mantiene una vida social activa y la generosidad de ellos se ve reflejada en una Fundación donde atienden a pacientes de bajos recursos económicos con problemas vasculares.
fotos Jairo Guzmán
