A María Eulalia Luque Narváez, conocida como Lala Luque, siempre le gustó la pintura, pero durante el tiempo que vivió en su natal Barranquilla se desenvolvió en el mundo de los negocios: dirigió un laboratorio de productos oftálmicos y gerenció una óptica.
Hace 22 años emigró a Estados Unidos en busca de mejores horizontes a nivel profesional y se radicó en Miami, donde desarrolló su talento artístico. “Debido a los tiempos en que vivimos, nos encontramos inmersos en un mundo en que la carrera diaria nos aleja de la calidez y el crecimiento que nos brinda el observar a nuestro alrededor y percibir distintas sensaciones que la naturaleza nos brinda: las texturas, los sonidos, el resplandor de un día cálido y la sencillez de una tarde de lluvia”. Así describe su quehacer artístico Lala, quien agrega en su página web: “En otras palabras, los sentimientos alimentan nuestro conocimiento; y el ser crece a través de imágenes y sensaciones que uno recoge de lo cotidiano y da paso a la imaginación y la creatividad”. Ella cuenta que una tarde empezó a pintar su primer cuadro al óleo por instinto natural.
Le gustaba la pintura desde niña, pero “la nostalgia de mi Barranquilla, de mi gente hermosa, me motivó a hacerlo; pintar es la mejor terapia, la mejor medicina”. Poco a poco fue perfeccionando su arte hasta lograrlo. “Me enfoco en el realismo, representando la vida de la forma más fiel. Y también en el hiperrealismo y abstracto”. Empezó a comercializar su arte haciendo exposiciones y a través de su página web. Su primera exposición fue en el Gran Bay Club en Key Biscayne, en el 2013, con una asistencia numerosa. Fue un gran empuje para darse a conocer. A partir de ahí comenzó a vender su obra. Lala es administradora de empresas y heredó el olfato para los negocios de sus padres, también barranquilleros. Hoy la pintura es su gran pasión. Vive inmersa en su arte en Miami, pero con su corazón en Barranquilla.
fotos Francisco Pérez












