por Valeria González Rubio (EP)
Entre octavo y décimo grado parece muy lejano el día que dejaremos el colegio y entraremos a la universidad. Es por ello que muchas veces los estudiantes no se preocupan por lo que van a estudiar como carrera profesional.
En el último grado de colegio cambia la situación; es normal empezar a sentir la presión de los profesores y familiares para saber cuál será el futuro de uno como estudiante, qué carrera escogeremos, teniendo en cuenta diferentes factores como qué es lo que nos gusta, lo que nos podría convenir, y también, para muchos, cuánto podríamos pagar, porque se debe tener en cuenta el presupuesto.
Muchas personas no solo se debaten internamente sobre la carrera, sino también sobre la universidad en la que estudiarán, lo que a veces implica dejar el hogar e irse a una ciudad o país con culturas ajenas a la nuestra.
Algo muy característico de los ‘millennials’ hoy en día es que a pesar de que muchos salen emprendedores y buenos negociantes, la mayoría de jóvenes que terminan la educación secundaria y que tienen la oportunidad de cursar la educación superior no tienen bien definido qué van a estudiar. Es como si se decidieran a último momento, faltando poco para graduarse.
Antes era más común que los jóvenes tuvieran definido qué iban a estudiar, enfocándose normalmente en carreras como la medicina, el derecho, las ingenierías o la administración de empresas. Ahora es mucho más complicado para los ‘millennials’, debido a que, a medida que han surgido muchísimas más carreras y especializaciones, que dejan a más de uno pensando ¿en qué me voy a centrar? ¿para qué realmente soy bueno? ¿qué me gusta? y ¿qué es conveniente?
Para muchos es una odisea escoger, ya que deben complacer a sus padres en lo que van a estudiar, o escogen “porque sí” una carrera ´fácil´ para salir del paso porque no tienen ni la más mínima idea en qué querrán desempeñarse. A pesar de que las pruebas de aptitudes son muy útiles, muchas veces tienden a confundir aún más o no se sienten lo suficientemente válidas para el estudiante.
Si algo es seguro es que esa incertidumbre que muchos viven no acaba al graduarse, sino que los persigue hasta los primeros semestres de universidad, preguntándose los jóvenes si tomaron la decisión correcta. Muchas veces al inicio de la carrera los estudiantes tienen una percepción muy diferente de ella a lo que realmente es; comienzan a estudiarla y no saben si es lo suyo, si cambiar a otra que les llame la atención y tomar el riesgo, o quedarse en una zona de confort y no perder los semestres ya realizados; por lo que deciden seguir adelante con lo iniciado, aunque no sea de su total agrado.
Hay una gran variedad de especializaciones que hacen que, a pesar de que una carrera contenga cosas que no son del agrado de muchos, en un futuro con ésta se puedan centrar y estudiar en el ámbito que les apasiona y se van a desempeñar. Por ejemplo, en comunicación social, cuando el estudiante termina,
puede especializarse en diferentes ámbitos: Negociación y manejo de conflictos, alta gerencia, administración de medios…
Todo esto con el propósito de formar a los estudiantes como profesionales mucho más completos en todos los campos de la profesión escogida.
