Por Henry De la Espriella
En la vida empresarial y organizacional, la toma de decisiones es una de las competencias más críticas en el liderazgo. Durante años, se ha debatido siempre sobre si hombres y mujeres deciden de una manera diferente; algunos sostienen que sí, mientras que otros dicen que no hay diferencias significativas. En mi opinión, la realidad, como suele ocurrir, debe estar en un punto intermedio.
Diversos estudios y experiencias prácticas sugieren que, en promedio, los hombres tienden a tomar decisiones más rápidas y orientadas a la acción, mientras que las mujeres suelen incorporar más variables emocionales y sociales en el análisis. Sin embargo, esto no implica que uno sea mejor que el otro, más bien, son estilos distintos que, bien gestionados, se complementan de forma poderosa. El enfoque no debe centrarse en si un género decide mejor que el otro, sino en cómo cada persona desarrolla su capacidad de liderazgo de la mejor forma.
El referente mundial en liderazgo, John C. Maxwell, nos dice que “el liderazgo efectivo no depende del género, sino de la intención y de la capacidad de influir positivamente en otros”. Por lo tanto, las mejores decisiones provienen de líderes que escuchan, observan y valoran diferentes perspectivas, ya que la diversidad, incluyendo la de género, enriquece la toma de decisiones.
Las mujeres líderes suelen destacarse en habilidades como la empatía, la colaboración y la construcción de relaciones, lo cual fortalece procesos de decisión más integrales, pero también hay que enfatizar, que estas habilidades no son exclusivas de un solo género; también pueden y deben desarrollarse en cualquier líder.
Más que comparar entre un género y otro, el verdadero valor está en integrar; equipos que combinan distintos estilos de pensamiento, analítico, intuitivo, emocional y estratégico, tienden a tomar decisiones más completas, sostenibles y humanas. Un líder inteligente no busca uniformidad, sino equilibrio.
La pregunta no debería ser si hombres y mujeres deciden diferente, sino cómo aprovechar esas diferencias para tomar mejores decisiones. El liderazgo del futuro inmediato no se construye desde la comparación, sino desde la colaboración. Cuando se combinan distintas miradas, se reducen los sesgos, se amplía la visión y se generan decisiones con mayor impacto. Al final, reducir la toma de decisiones a una diferencia entre hombres y mujeres es simplificar demasiado una realidad que es profundamente humana. Las decisiones no nacen únicamente del género, sino de la experiencia, los valores, la inteligencia emocional, el contexto, pero, sobre todo, de la disposición a aprender y evolucionar como líderes. Porque el futuro no pertenece a quienes defienden su forma de decidir, sino a quienes son capaces de integrar lo mejor de cada perspectiva o enfoque.
En definitiva, no se trata de decidir como hombre o como mujer, se trata de decidir como un líder que escucha, que analiza, que siente y actúa con un propósito. Un líder que entienda que cada decisión es una oportunidad de influir, de construir y de transformar vidas.
Miembro certificado Maxwell Leadership – enrdelae68@gmail.com

