Por Loor Naissir
Después de varios días hospitalizado, el maestro Alci Acosta, uno de los boleristas más reconocidos de Colombia, regresó a casa. Su música, que ha cruzado fronteras y ha acompañado a varias generaciones en Colombia y otros países de Latinoamérica, también forma parte de mis recuerdos más queridos.
Empecé a escuchar sus canciones desde niña. Recuerdo que me sentaba en la puerta de mi casa, en una mecedora, mientras desde la cantina que quedaba justo al frente llegaban aquellas melodías que parecían quedarse suspendidas en el aire.
“La copa rota”, “Traicionera”, “Si hoy fuera ayer”, “Renunciación”… son canciones que todavía me llevan a aquella época. El dueño de esa cantina era, además, cliente del almacén de telas de mis padres, de modo que la música de Alci terminó siendo parte de mi paisaje cotidiano.
Muchos años después, mi oficio de periodista me dio la oportunidad de conocerlo personalmente. Fue en una fiesta de cumpleaños en la que la esposa del homenajeado le tenía preparada una sorpresa muy especial: había invitado al maestro Alci Acosta.
Para mí, la sorpresa fue doble.
Cuando lo vi entrar, sentí una emoción enorme. Allí estaba, frente a mí, el cantante cuya voz había escuchado tantas noches desde la puerta de mi casa, cuando apenas era una niña y me dejaba llevar por aquellas canciones, sin imaginar que algún día lo conocería personalmente.
Tiempo después lo volví a ver junto a su hijo Checo Acosta. Los escuché interpretar una canción que terminó por tocarme el corazón y hacerme llorar. Soy muy sentimental, lo reconozco, pero creo que a cualquiera se le puede escapar una lágrima cuando escucha una canción dedicada a un padre.
Se llama “Cascarrabias”.
Hay canciones que uno escucha y simplemente pasan. Otras, en cambio, encuentran un lugar dentro de nosotros y ya no se van. Las de Alci Acosta pertenecen a estas últimas.
Por eso, cuando me enteré de que estaba hospitalizado, sentí una preocupación muy especial, casi como si se tratara de alguien de mi propia familia.
Y es que el maestro Alci inspira ese sentimiento.
Su voz ha acompañado amores, desamores, nostalgias, despedidas y recuerdos de millones de personas. Su música se mete en el corazón y permanece allí.
Quizás por eso, cuando un artista como él atraviesa un momento difícil, quienes hemos crecido escuchándolo sentimos que algo nuestro también está en juego.
A los maestros como Alci Acosta, los seguidores los queremos eternos.
