El arte de reconstruir nuestro pasado
«En nuestro interior están vivos todos nuestros antepasados»: Deepak Chopra
«Si no conoces tu árbol genealógico, estás condenado a repetir los errores de tus antepasados»: Alejandro Jodorowsky, psicogenealogista.
Por Roque Herrera Michel
Psicólogo
El mundo moderno está volviendo sus ojos a la Genealogía, esa disciplina que emplea métodos científicos para investigar el pasado y la procedencia de las personas y familias interesadas en conocerlo a cabalidad.
Como bien decía Cicerón, “No saber lo que ocurrió antes de nosotros es como seguir siendo niños». Hoy en día, el árbol genealógico se ha convertido en una herramienta fundamental porque ofrece una perspectiva humana y profunda de la historia personal, familiar y social.
Lejos de ser un simple registro frío de nombres, fotos y fechas, un árbol familiar revela patrones ocultos, la historia social y conexiones genéticas. Es en realidad un mapa vivo de nuestra propia identidad.
Es comprender que nuestra vida actual es el resultado de decisiones, silencios, migraciones, amores y batallas de personas que quizá nunca conocimos, pero que grabaron su eco en nuestras costumbres, miedos, valores y talentos.
UTILIDAD PRÁCTICA DE RECONSTRUIR NUESTRO ÁRBOL GENEALÓGICO
En los últimos años un apasionado estudioso de esclarecer y descifrar enigmas del pasado familiar a través de los árboles genealógicos en el Caribe colombiano ha sido el barranquillero Robert Llinás Lastra, administrador de empresas con Especialización en Alta Gerencia y Maestría en Gestión de las Organizaciones. Actualmente es el Coordinador Regional de Formación Profesional Integral del SENA Regional Atlántico.
Asombra descubrir que conocer de dónde venimos, así como las vicisitudes y culturas de nuestros ancestros, ayuda a desarrollar un sentido de pertenencia y autenticidad. A su vez fortalece la identidad de una persona y fomenta el orgullo familiar al conocer cómo los antepasados superaron crisis.
A lo anterior se agrega que esta disciplina sirve como herramienta clave en medicina preventiva para rastrear patrones de herencia, identificar síndromes genéticos y detectar riesgos de ciertas enfermedades. Por último, agreguemos que también son cruciales para la investigación de casos judiciales como los de herencias y otros.
Una aplicación adicional de la construcción de un árbol genealógico es su uso para “sanar heridas del pasado familiar”. Se destacan las investigaciones de la psicogenealogía, psicoterapia transgeneracional y las Constelaciones Familiares de Bert Hellinger las cuales comparten la premisa de que los traumas, secretos y exclusiones no resueltos en el pasado familiar repercuten en los descendientes.
«Lo que permanece oculto en la primera generación, la segunda lo lleva en el cuerpo”, decía la psicoanalista francesa Françoise Dolto para demostrar que los secretos familiares se manifiestan como síntomas en los descendientes.
Las constelaciones son, de hecho, una representación viviente del árbol genealógico. El destacado psicogenealogista chileno Alejandro Jodorowsky insistía en que “mirar atrás es la única forma de sanar el presente”.
UN POCO DE HISTORIA DE LA GENEALOGÍA Y DE LOS “ÁRBOLES GENEALÓGICOS”
La Genealogía surgió en la antigüedad para legitimar reyes y clanes, sirvió en la Edad Media para el control nobiliario, y hoy en día se consolida como una ciencia auxiliar de la historia.
Como dato curioso el árbol genealógico ininterrumpido más antiguo que se ha documentado en el mundo pertenece a los descendientes de Confucio (familia Kong) el cual abarca más de 2.500 años y 86 generaciones, ostentando el récord mundial Guinness. En el ámbito de la arqueología genética, se han reconstruido árboles prehistóricos de hasta 5.700 años mediante ADN.
El interés por construir árboles genealógicos se despertó con fuerza en Colombia gracias a la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. La obra es un gran ejemplo genealógico al narrar siete generaciones marcadas por un destino cíclico, el miedo al incesto (el hijo con «cola de cerdo») y la repetición de nombres que rigen la vida de los personajes y sus temperamentos (los melancólicos Aurelianos y los impulsivos José Arcadios).
Desde el año 2000, el uso de pruebas de ADN dio origen a la genealogía genética moderna. Esta metodología analiza el ADN para revelar el origen étnico de una persona y conectarla con nuevos familiares en todo el mundo. Empresas como Ancestry y MyHeritage lideran el mercado de estudios genealógicos, logrando identificar con alta certeza la descendencia de los usuarios entre más de 2,100 regiones geográficas.
METODOLOGÍA RECOMENDADA PARA DISEÑAR UN ÁRBOL GENEALÓGICO
La analogía con un árbol se debe a su estructura ramificada, la cual se expande y crece a medida que se retrocede en las generaciones.
En el diseño de un árbol genealógico las raíces representan los ancestros antiguos (la historia), el tronco es la estructura familiar que sostiene el presente, y las ramas y hojas son las nuevas generaciones que se expanden hacia el futuro.
El investigador chileno Gonzalo Luengo en su manual “Construye tu árbol genealógico”, recomienda que para diseñarlo se debe Iniciar el gráfico con uno mismo y el entorno familiar más próximo (padres, hermanos, tíos, abuelos). Paso seguido se sugiere entrevistar a eso familiares mayores con fines de recopilar nombres, fechas de nacimientos, bodas, muertes, así como lugares de residencia. Es crucial hacerlo pronto antes de que fallezcan o pierdan la memoria.
Esa investigación detectivesca incluye preguntar a primos, otros parientes, e incluso a amigos o vecinos de la familia, ya que siempre hay datos adicionales que alguno de ellos recuerda.
Dentro de la investigación sobre el pasado familiar siempre es válido revisar registros civiles, actas religiosas, fotografías y otros documentos legales. Inclusive últimamente vale la pena recurrir a buscar en redes sociales, páginas web especializadas en genealogía, archivos oficiales y bibliotecas.
REACCIONES Y ACTITUDES ANTE LA INVESTIGACIÓN GENEALÓGICA DEL PASADO
Enfrentar el propio pasado se considera un acto de gran valentía y responsabilidad pues significa asumir plenamente su verdad y su historia.
Entre los investigadores más reconocidos de las reacciones positivas y negativas de descubrir “secretos familiares” se encuentran Anne Ancelin Schützenberge (libro: “Ay, mis antepasados) quien aseguró que en este escudriñamiento del pasado una persona debe estar preparado sicológicamente pues puede enterarse tanto de hechos positivos como de situaciones dolorosas, de extensiones familiares desconocidas, parientes tóxicos, así como para comprender y perdonar rencillas internas que se mantenían ocultas.
De todas formas, se considera absolutamente beneficioso saber sobre las debilidades de los antepasados, así como sus momentos de grandeza. Se reconocen dos posibles reacciones o actitudes en el abordaje de la historia personal y familiar.
Por una parte, hay personas que lo investigan en forma abierta sin juzgar las costumbres, estatus sociales o decisiones de los ancestros, valorando tanto los éxitos como las dificultades de su época. Asumen con optimismo que encontrarse inesperadamente con documentos destruidos o apellidos comunes son oportunidades para aprender nuevas cosas de su historia y perseverar en la búsqueda de la verdad.
Un estudio de la Universidad de Emory en los años 90 muestra cómo en los niños, saber cómo los antepasados superaron las adversidades, desemboca en una mayor fuerza interior y madurez emocional.
No obstante, existen otras personas que prefieren “no tocar su pasado” y dejarlo quieto por temor a que se despierten viejos fantasmas que terminen ensombreciendo su vida actual y la de su familia. Así mismo se pueden descubrir patrones e historias que se repiten, episodios oscuros o situaciones escandalosas o crueles sobre familiares o conocidos que causen horror o vergüenza.
La investigadora Vincent de Gaulejac desarrolló el concepto de «neurosis de clase» explicando la actitud de culpa o fracaso inconsciente que experimenta un individuo al superar el estatus social o los logros de su árbol genealógico.
CUIDADOS PARA NO CAER EN ERRORES EN LA CONSTRUCCIÓN DE UN ÁRBOL GENEALÓGICO
Una inquietud que puede plantearse en este “juego de detectives” es qué tan fidedigno puede ser lo que se encuentre en el viaje hacia el pasado con fines de asegurar la verdad histórica.
El genealogista Antonio de Prado Sagrera en su artículo académico «Los 10 errores más comunes en Genealogía», analiza los fallos al fiarse ciegamente de tradiciones orales, nobiliarios antiguos o árboles de terceros sin verificación.
Otros autores, Emily Croom y Amy Johnson, mencionan entre los errores más comunes en la investigación genealógica: la Falta de verificación (copiar y pegar), aceptar ciegamente datos de otros árboles sin revisar los documentos originales, confiar solo en la memoria familiar, apodos o historias orales en lugar de consultar registros oficiales (censos, actas civiles o parroquiales, testamentos), caer en la trampa de los homónimos (asumir que una persona es su antepasado solo porque comparte el mismo nombre y apellido, sin validar fechas o nombres de los padres).
Igualmente existen errores cronológicos tales como hijos nacidos antes que sus padres, madres en edades biológicamente imposibles o matrimonios previos al nacimiento, no citar las fuentes de donde se obtuvo cada dato e ignorar el contexto geográfico e histórico (como cambios de nombres en los pueblos).
Un último error podría ser el que el investigador no consulte a sus homólogos para corregir errores o hallar nuevas conexiones.
PODAS DEL “ÁRBOL GENEALÓGICO”
De otro lado están quienes, al descubrir hechos dolorosos o vergonzosos de su pasado, recurren a maquillar o a hacer “podas del árbol genealógico” para ocultar crueles realidades y no desvalorizar su linaje familiar.
Estos “embellecimientos” de la parentela pueden darse cuando se suprimen miembros o ramificaciones con características que empañan el “honor familiar” tales como: enfermedades, taras, conflictos, divorcios, pobreza, soledad, adicciones, robos, accidentes o incluso muertes, parientes condenados judicialmente, casos de incestos, violaciones, participación en asesinatos, hijos por fuera del matrimonio, conductas anti-éticas en algunos antepasados, entre otros.
De todas formas, se estima que se deben evitar las intenciones de averiguar la propia genealogía con fines de encontrar culpables, reactivar o revivir conflictos del pasado,
COLOFÓN
“Alguien que no conoce su pasado es como un árbol sin raíces… y sin ellas nos caemos”, decía cierta vez el activista jamaiquino Marcus Garvey. Reconstruir nuestra historia familiar no es un simple ejercicio de nostalgia; es el acto de rebeldía de negarnos al olvido y la única forma de entender cómo conocer nuestro pasado es la mejor manera de construir un mejor destino.
roquehmichel@hotmail.com


