La cultura como forma de servicio
Hay personas que no hacen ruido, pero sostienen mucho.
Eva Morán es una de ellas.
Su historia no empezó en la cultura, sino en el Derecho. Pero incluso ahí, ya había una vocación por la palabra y por la gente.
Es Comunicadora Social especializada en periodismo de la Universidad Javeriana. Y fue precisamente esa universidad la que, al responder una solicitud de la Universidad Autónoma del Caribe, dio su nombre para asumir la decanatura de Comunicación Social.
No era un cargo menor.
La facultad ya tenía egresados sin poder graduarse porque aún no contaba con aprobación oficial.
Eva asumió el reto.
Con el acompañamiento de la Javeriana, tramitó y logró esa aprobación.
Los primeros comunicadores de la Autónoma recibieron su diploma con su firma.
Como la facultad funcionaba en jornada nocturna, ella decidió matricularse en el programa diurno de Derecho en la Universidad Libre. Así empezó a tejer una trayectoria que nunca ha sido lineal, pero sí coherente con su forma de asumir la vida: trabajando.
Entró a Corelca como estudiante en entrenamiento para hacer la judicatura.
Se quedó quince años.
Allí no solo creció profesionalmente.
Llegó incluso a ocupar la dirección por encargo del presidente César Gaviria, en medio del remezón del sector eléctrico del país, marcado por el descuido en el mantenimiento de las plantas térmicas y la baja generación en las represas por la falta de agua en los embalses.
Trabajo serio, constante, sin estridencias.
De esos que forman carácter… y confianza.
Pero la vida —y también la lealtad— la llevó a otro escenario.
Acompañó a su amigo Eduardo Verano de la Rosa en su primera campaña a la Gobernación del Atlántico.
Y ya en el gobierno, la invitó a asumir la Secretaría de Cultura.
Ahí encontró su lugar.
Desde esa oficina no solo gestionó eventos.
Hizo algo más profundo: entendió la cultura como una forma de dignidad.
Trabajó por los músicos, por los hacedores, por quienes sostienen la identidad desde lo invisible. Promovió expresiones diversas, fortaleció procesos y abrió espacio a lo que muchas veces queda por fuera del foco.
No fue una gestión de vitrina.
Fue una gestión con sentido.
Al salir del sector público, ya pensionada, no se detuvo.
Está en la Fundación Compañía de Amigas desde su creación.
De hecho, participó en la elaboración de sus estatutos.
Y desde allí ha seguido trabajando con el mismo estilo: sin protagonismo, pero con compromiso.
La Fundación, entre muchas iniciativas, realiza cada año una fiesta de polleras que se ha convertido en un encuentro de tradición, con el respaldo de la revista La Ola Caribe.
Han realizado distintas donaciones. Las más recientes, para la adecuación de una panadería en la obra del padre Cirilo y para una fundación que acompaña a adolescentes.
El Museo del Atlántico —dedicado a salvaguardar la historia y la memoria del departamento— fue preinaugurado el 20 de septiembre de 2011 por el entonces gobernador Eduardo Verano de la Rosa, en el mismo periodo en que Eva se desempeñaba como secretaria de Cultura.
Años después, ese mismo lugar la reconoció con una pintura de su rostro.
Quien ayudó a impulsar la cultura desde la institucionalidad terminó siendo parte de su memoria.
Eva también ha conocido la fragilidad.
Un cáncer atravesó su vida. Y lo enfrentó como ha hecho todo: con fe, con entereza, aferrada a Dios y al amor de su familia.
Sigue trabajando por los demás, por la cultura, por la gente.
Cuando La Ola Caribe pregunta por algún artista, casi siempre es ella quien tiene el contacto, quien conecta, quien ayuda.
Porque hay quienes hacen cultura desde el escenario.
Y hay quienes —como Eva Morán— la sostienen para que no se apague.
El día que asistió a un evento en el Museo del Atlántico, se sorprendió al ver su imagen en una de las paredes, al lado de Carla Celia.
Fue reconocida.
Y lucía una túnica pintada a mano por el artista José Valderrama.
Con eso, de alguna manera, todo quedaba dicho.
Por La directora
Fotos cortesía de Johan Osorio


