Una corona por siempre
Por Laure Tannous
Hay coronas que se guardan cuando termina el reinado. Otras permanecen vivas en la manera de caminar, de hablar y de inspirar. La de Sharon Acosta Tobón es de esas.
Es la Reina del Carnaval de los Niños y, aunque el Carnaval 2026 terminó con la muerte de Joselito, la carismática soberana no se ha podido quitar la corona. Primero, porque sigue siendo reina hasta que nombren a su sucesora. Además —y acaso más importante— porque hay coronas que se vuelven eternas.
La suya parece venir de mucho antes.
Sharon suele decir, medio en juego y medio en serio, que aprendió a bailar en el vientre de su madre, Jazmín Tobón, una de las “vitaminas” del reconocido cantante Checo Acosta, el Príncipe del Carnaval.
Quizás por eso en ella el ritmo parece instinto. Como si la cumbia le hubiera llegado antes que las palabras. Y así va por el mismo camino su hermanita menor, Naomi.
Sharon también carga un sueño heredado. Ser Reina del Carnaval de los Niños fue durante años el anhelo de su abuelita, doña Ruth, defensora apasionada del folclor del Caribe, convencida de que las tradiciones no sobreviven solas: hay que cuidarlas, enseñarlas y celebrarlas.

«El reinado me dejó disciplina y amor por las tradiciones»
Por eso su reinado no parece un accidente, sino una consecuencia.
Y lo sigue luciendo con entusiasmo, en cada visita a colegios —como las que realizó el mes pasado para compartir su experiencia en el mes de los niños— y en la forma en que sigue defendiendo la alegría como si fuera una misión.
Habla del Carnaval como quien habla de algo que late dentro. No como un evento que pasó, sino como un legado que continúa.
Lo más emocionante de su reinado, dice, fue descubrir que su alegría podía convertirse en la alegría de otros. Ver sonreír a los niños, contagiar felicidad, hacerles sentir la magia del Carnaval, fue para ella una experiencia sin comparación.
Aún recuerda el instante en que supo que sería reina. Sintió el corazón acelerado, una mezcla de sorpresa, orgullo y felicidad. Entendió, en ese segundo, que estaba a punto de vivir uno de los grandes sueños de su vida.
Si tuviera que escoger un día imborrable, se queda con la coronación. Allí confluyeron la emoción de su familia, el cariño de la gente y ese momento irrepetible en que la corona dejó de ser un símbolo para convertirse en memoria.
Sharon insiste en que el reinado le dejó disciplina, amor por las tradiciones y una certeza: que con entrega se puede llevar alegría a muchas personas.

Si resumiera su Carnaval en tres palabras, no duda: alegría, tradición y legado. Y las tres parecen definirla.
Para ella, esta fiesta es identidad viva. La manera más hermosa de mostrarle al mundo quiénes somos. Quizá por eso su baile favorito es la cumbia, por elegante, por ancestral, por esa conexión profunda con las raíces. Y quizá por eso también le gusta representar a la cumbiambera: porque ve en ella fuerza, belleza y memoria.
Cuando habla de los niños, cambia el tono y aparece la pequeña reina que sigue soñando. Cree que ellos son los guardianes del Carnaval, siempre que aprendan sus bailes, respeten sus tradiciones y participen con orgullo. A quienes sueñan con llevar una corona les deja un mensaje sencillo pero poderoso: no dejar de creer, porque los sueños llegan cuando menos se esperan.

Detrás de esta niña segura hay una familia donde se respira arte.
Su padre, Checo Acosta, fue un grandioso apoyo y se contagiaba de alegría en cada paso. De su madre aprendió disciplina, expresión y amor por la danza. De su abuelo, Alci Acosta, recibió un consejo que atesora: disfrutar cada momento sin dejar de ser ella misma.
Crecer en una familia donde siempre hay música y baile, dice, ha sido una inspiración permanente. En casa se canta, se baila, se ríe. Son instantes de unión que, en el fondo, también son escuela.
Sharon también tiene un blog donde comparte su cotidianidad, sus bailes, sus experiencias y hasta su admiración por Stray Kids. Cuando no está en actos culturales, estudia, practica, crea contenido y disfruta la vida simple de cualquier niña de su edad.
Su mayor sueño no se mide en títulos, sino en seguir creciendo sin dejar de ser auténtica. Representar sus raíces con orgullo. Cumplir sus metas conservando intacta su esencia.
Y quizá allí está el verdadero sentido de su corona.
Sharon sigue reinando porque representa esperanza.

SU CORONA NO PESA. FLORECE.
Antes de despedirse, deja un mensaje para los niños de Barranquilla que suena casi como un manifiesto: que nunca dejen de soñar, que tengan fe, que Dios cumple los sueños cuando menos se espera y que siempre lleven alegría en el corazón.


