Un paraíso en Tubará
por Loor Naissir
Enclavado en una colina un chef con amplia experiencia y sabor internacional deleita a los comensales que llegan en busca de paz y tranquilidad para disfrutar de un exquisito almuerzo al aire libre o pasar una noche viendo la luna en medio de la naturaleza.
Este maravilloso lugar, llamado Sorrentinos de la Colina, está ubicado en el municipio de Tubará, al norte del departamento del Atlántico, a 27 kilómetros de distancia de Barranquilla.
En dos hectáreas los hermanos Juan y Erick Orozco Zapata han construido dos casas, una para hospedar a una familia de hasta 8 personas y otra adecuada para brindar servicio de restaurante con todas las medidas de bioseguridad.


Para que pudiera funcionar al público uno de sus propietarios dijo jocosamente que llegó hasta ‘la bruja del 71’ a inspeccionar y dar la aprobación, porque hasta hace tres meses solo se hacían eventos programados.
A la entrada, un joven con tapabocas guía a los visitantes para el parqueo de los carros y ofrece alcohol para las manos. También antes de llegar al restaurante, en el caminito empedrado y bordeado por cultivos de flores, está al aire libre una pluma con jabón líquido para el lavado de manos.
Una fuente de agua pequeña ‘para pedir deseos’ es el paso siguiente para que comience la magia.
En Sorrentinos de la Colina la comida es a la carta. Te dicen qué pescado tienen fresco. Si quieres te muestran los langostinos que te vas a consumir. La especialidad es la paella. En la carta también tienen pizzas y pastas rellenas o sorrentinos… una delicia!!!
Son una variedad de platos porque el chef es versátil; trabajó muchos años en el Hotel El Prado.
Mientras preparan el plato fuerte, unas ‘entradas’ de coctel de camarones o chicharrones caen como anillo al dedo. Lo acompañan con bollo limpio o yuca cultivada allí mismo. Ellos tienen una huerta de pancoger.
Un parque con columpios hace más entretenida la estancia de los niños.


La atención es magnífica y la música variada; parece seleccionada por un melómano: para todos los gustos y a un volumen que no molesta para hablar.
Anexo al restaurante está el Bar Villa Margarita, donde la especialidad es el coctel margarita en diversos sabores; es manejado por un barman experimentado, que ofrece además vinos argentinos y chilenos; solo para acompañar los platos fuertes.
Para tomarse una siesta instalaron una malla sobre un vacío pegado a la construcción. Parece una hamaca gigante.
El sol es tan generoso que no calienta mucho por la fresca brisa que lo acompaña.
La mayoría llega por Instagram.


Son turistas motivados por conocer lugares de ensueño en medio del verdor de la naturaleza.
La piscina para adultos y niños es otra de las atracciones del lugar, que brinda una espectacular vista de árboles y colinas. A pocos minutos están las playas de Tubará y el camino para llegar se conoce con el nombre de ‘El Bajo de la Habana’.
Para los amantes del senderismo, ellos acondicionaron un caminito de madera con barandas para hacer un recorrido antes o después del almuerzo.
El tiempo pasa volando en este acogedor mirador: Hay que vivir una experiencia en Sorrentinos de la Colina para después contar la historia.



