La súper famosa Shakira —orgullo barranquillero— volvió a demostrar que su corazón sigue latiendo con fuerza por Colombia. La célebre cantante llegó este lunes a Quibdó, una de las zonas más golpeadas por el devastador terremoto del pasado 10 de agosto, y lo hizo acompañada de un hombre que también ha convertido la solidaridad en una parte importante de su vida: Howard G. Buffett.
El apellido Buffett está ligado a una de las grandes fortunas empresariales de Estados Unidos. Howard, hijo del legendario inversionista Warren Buffett, pudo haber escogido una vida cómoda y alejada de los problemas del mundo. Sin embargo, ha dedicado buena parte de su trayectoria a la filantropía, la conservación y al trabajo con comunidades afectadas por la pobreza y los conflictos.
Por eso, su llegada a Quibdó junto a Shakira tiene un significado especial. No llegaron simplemente a observar los estragos de la tragedia. Llegaron a escuchar, a conocer de cerca el dolor de las familias y a recorrer los lugares donde el terremoto dejó profundas huellas.
La presencia de Shakira tuvo, además, un efecto inmediato en una comunidad que necesita buenas noticias. La barranquillera descendió de su avión privado y fue recibida por integrantes de los equipos que han estado al frente de la atención de la emergencia.
La cantante y el filántropo tienen previsto recorrer barrios y colegios afectados para conocer de primera mano las necesidades de quienes lo perdieron todo o vieron cómo sus vidas cambiaban en cuestión de segundos.
Y seguramente, como tantas veces ha ocurrido, Shakira no se quedará solamente con la imagen de la tragedia. Su visita también puede convertirse en el comienzo de ayudas concretas para las comunidades afectadas.
Porque hay gestos que hablan más que mil discursos. Y este es uno de ellos: una barranquillera que, desde la distancia y desde el éxito que ha alcanzado en el mundo, vuelve a mirar hacia su país cuando más lo necesita.
Shakira sigue sorprendiendo. Pero esta vez no lo hace sobre un escenario ni con una nueva canción. Lo hace caminando por las calles de Quibdó, mirando de frente el dolor de su gente y poniendo su nombre, su corazón y su capacidad de ayudar al servicio de Colombia.
Y eso también es ser grande.
Gracias, Shakira. Siempre será motivo de orgullo verte dando la cara por tu país. Y más aún cuando lo haces con nobleza, sin estridencias y cerca de quienes hoy necesitan sentir que no están solos. Tenías que ser barranquillera a mucho honor.

