Qué hermosura de programa ‘Se dice de Mí’, de la barranquillera Diva Jessurum
Por Loor Naissir
Hay programas de televisión que entretienen, otros que informan y algunos que, sin proponérselo, terminan tocando una fibra muy profunda.
“Se dice de mí”, el espacio que dirige y presenta la reconocida periodista y presentadora barranquillera Diva Jessurum, pertenece a esta última categoría.
El programa dedicado a Guillo Vives fue de esos que uno termina de ver y se queda pensando en lo que acaba de escuchar, pero, sobre todo, en lo que sintió.
Confieso que desde que comencé a encontrar en las redes sociales los temas que él ha venido grabando, nació en mí el interés de destacarlo en la revista La Ola Caribe. Hay algo en su manera de cantar que me llama la atención y me hace querer conocer más de este artista que ahora presenta ‘A mi manera’, un trabajo discográfico en el que interpreta vallenatos del ayer, llevándolos a su propia voz y sensibilidad. Incluso le escribí un mensaje por Instagram. Estoy a la espera de su respuesta.
Pero después de ver el programa de Diva, sentí que ya tenía una razón más para escribir estas líneas.
Ella consiguió algo que no siempre es fácil en televisión: contar una historia íntima sin invadirla. Y lo hizo con altura, decencia, respeto y una enorme sensibilidad.
La vida de este artista tiene muchos capítulos. Está el músico, el actor, el hombre que decidió estudiar gastronomía y el empresario que encontró en la cocina y la música una manera de crear. Pero también está el hijo, el hermano, la pareja y el padre. Y fue precisamente en esa dimensión humana donde el programa adquirió una fuerza especial.
Uno de los momentos más delicados fue cuando Guillo recordó que, a los 19 años, decidió ‘salir de clóset’ y decirle a su madre que le gustaban los hombres. No hubo morbo ni preguntas innecesarias. Diva manejó el tema con una naturalidad que habla muy bien de su faceta de periodista y de la televisión que queremos ver: una televisión que puede abordar asuntos íntimos con respeto y sin convertir la vida de una persona en espectáculo.
Y entonces apareció la madre.
Una mujer que lo escuchó, lo acompañó y lo sostuvo con ese amor maternal que no necesita demasiadas explicaciones. Después de separarse de su esposo, decidió irse a vivir con su hijo a Bogotá. Allí estuvo nuevamente a su lado cuando Guillo decidió estudiar gastronomía, después de haber transitado por la música y la actuación.
La gastronomía terminaría llevándolo por un camino inesperado. Guillo creó Gaira, un concepto en el que la cocina se encontraba con la música y en el que comenzaron a tener espacio artistas talentosos que apenas empezaban a abrirse camino. Entre ellos estaba su hermano Carlos, con quien creció prácticamente como si fueran gemelos.
Y allí apareció otro de los grandes temas del programa: los hermanos Vives.
Diva tuvo la inteligencia de no alimentar la rivalidad que surgió entre ellos después de la separación de Guillo de Gaira. No buscó culpables ni convirtió las diferencias familiares en titulares. La abordó con sutileza, dejando que fueran los sentimientos los que hablaran.
Porque detrás de cualquier diferencia entre hermanos hay una historia que nadie puede borrar.
Y qué hermoso fue descubrir que, debajo de las distancias y de las circunstancias de la vida, Guillo sigue queriendo a su hermano Carlos.
Tal vez por eso me conmovió tanto el final.
La cámara mostró al Guillo íntimo, al hombre que comparte su vida con su pareja y que ha construido junto a él una familia hermosa. Sus hijos crecieron viendo a un tío Carlos famoso, alguien a quien admiraban y querían conocer. Y el programa terminó mostrándonos, sin estridencias, la cotidianidad de una familia de dos papás, presentada con absoluta naturalidad, como debe ser cuando lo que importa no es la etiqueta sino el amor que sostiene un hogar.
Se me aguaron los ojos cuando Guillo dijo que quiere a su hermano. Y todavía más cuando su madre, al final, expresó ese sueño tan sencillo y tan poderoso: que algún día sus hijos vuelvan a estar juntos como cuando eran niños y jóvenes.
Es difícil escuchar algo así sin pensar en nuestras propias familias. En los hermanos que alguna vez fueron inseparables y que, con los años, por decisiones, circunstancias, diferencias o caminos distintos, terminan tomando distancia. Porque el tiempo puede cambiar muchas cosas, pero hay afectos que permanecen esperando una oportunidad para volver a encontrarse.
La proximidad entre los hermanos Vives también fue resaltada por su hermano mayor y una de sus primas, y allí entendí que el verdadero protagonista de este programa no era solamente Guillo Vives, ni siquiera su nuevo disco. Era la familia, con sus luces, sus desencuentros, sus talentos, sus decisiones, sus heridas y, por encima de todo, sus afectos.
Por eso creo que Diva hizo un programa precioso. Supo mirar a Guillo más allá del artista y encontrar al hombre que hay detrás de las canciones. No necesitó escándalos, revelaciones estridentes ni preguntas incómodas. Le bastó con escuchar, preguntar en el momento preciso y dejar que los protagonistas contaran su propia verdad.
Y eso, en televisión, también es una forma de hacer buen periodismo.
Mientras tanto, seguiré esperando aquella respuesta a mi mensaje de Instagram. Ahora con mayor curiosidad, porque después de conocer un poco más al hombre que está detrás de ‘A mi manera’, tengo todavía más razones para querer escucharlo y para que La Ola Caribe cuente su historia.
Repito nuevamente… Qué hermosura de programa.
De esos que terminan, pero se quedan un tiempo más con uno.
Y quizá esa sea la mejor medida para saber cuándo la televisión realmente hizo su trabajo: cuando después de apagar la pantalla, algo de lo que vimos continúa latiendo por dentro.
https://www.youtube.com/watch?v=HMLCYssqlqg
https://www.youtube.com/watch?v=Ers1yuNdpqA

