Estas letras las escribo desde mi amor infinito por La Guajira, desde la esperanza de que las historias hundidas en el «olvido» por conveniencias políticas, clasistas y racistas sean reivindicadas y ocupen el lugar que les corresponde en la memoria social. Las escribo con el espíritu afro e indígena henchido de orgullo, con sabor a mar, vientos espirituales y vientres guajiros fructíferos.
El 9 de julio del presente año tuve la oportunidad de asistir al lanzamiento de la película Padilla: La historia borrada hace 200 años, un espacio de encuentro entre el pensamiento académico, relatos apasionados sobre la historia, el equipo realizador de la película y miembros activos de la Armada que trabajan por visibilizar la historia de Padilla y honrar el poder del mar y sus profundos misterios. Quiero decir que no fue una gala más; fue un escenario impregnado de mística, respeto, narrativas antirracistas y miradas interseccionales que avivan el espíritu del gran Almirante e informan al mundo sobre un territorio sublime como lo es La Guajira, mi amada tierra de origen.
La historia nunca fue borrada: Padilla y La Guajira viven en cada milímetro de nuestra historia
Hace más de 200 años, un niño wayúu y de ascendencia negra llamado José Padilla huyó de la rabia de su padre por las playas de La Guajira colombiana. Aquella huida cambió el rumbo de su vida. Llegó a España para combatir bajo la bandera de la Armada Real y, posteriormente, regresó a América para fundar la Armada Colombiana y alcanzar la victoria en la batalla del lago de Maracaibo, triunfo que selló la independencia de Hispanoamérica.
Sin embargo, Padilla no ocupó los libros, los monumentos ni la memoria social como otros héroes. Por el contrario, fue condenado al olvido. Durante dos siglos, el relato de un hombre tan determinante para la independencia de América permaneció sepultado bajo el silencio.
Por esta razón, la realización de esta película es tan importante. Viaja a los sótanos del racismo, la dominación y el olvido injusto para devolverle a José Padilla el lugar que le fue arrebatado hace dos siglos y reivindicar la memoria de uno de los héroes más influyentes de nuestra historia.
Más allá de los reproches a la película, invito a conocer realmente el proceso
Siempre diré «presente» a los procesos que promuevan la equidad, la igualdad de derechos y la no violencia desde un enfoque antirracista, interseccional y de género. Por ello, apoyo la apuesta por reivindicar la historia de Padilla que lideran la Armada Colombiana, Valencia Producciones, Inravisión Colombia, Yesenia Valencia, Mauricio Navas y todo un equipo de seres humanos dispuestos a honrar la historia que somos.
Me atrevo a afirmar que esta no es, ni será, una película más. Siento que este trabajo está dirigido por el mismo Padilla y que es él quien está decidiendo las maneras de inmortalizarse, ahora sí, desde un relato más cercano a la justicia histórica.
Ojalá el racismo y las estructuras de poder dejen de condenar historias poderosas al olvido y nos permitan alejarnos de los relatos sometidos a intereses particulares.
¡Viva Padilla y, con él, la memoria de los vientres guajiros, agitados por los vientos espirituales y el inmenso mar!
Gracias al universo por permitir que esta historia se reescriba 200 años después y por no detenerse ante los ataques más dañinos. El espíritu de Padilla vive y recorrerá el mundo polinizando derechos y libertades. Esta vez nadie podrá volver a fusilarlo en la memoria.
Sigamos trabajando por la reivindicación de la grandeza de nuestra tierra, La Guajira.
Y termino diciendo que esta película se estrenará en Colombia en 2027. Mientras tanto, recorrerá el mundo llevando su magia a numerosos festivales y, ¿por qué no?, regresará después de conquistar el Óscar y muchos otros reconocimientos que merece.
Padilla vive.









