Por Loor Naissir
Hay invitaciones que llegan por compromiso y otras que, sin saberlo, terminan siendo una cita con el alma. Así fue mi encuentro con el grupo ‘Atardeceres con Propósito’, liderado por la abogada penalista, investigadora forense, escritora y conferencista Kattia Gómez Márquez, una mujer que ha hecho de la fe, el liderazgo y el servicio una verdadera misión de vida.
Llegué gracias a la amable invitación de Iliana Medina, sin imaginar que aquella tarde se convertiría en un espacio para compartir no solo la historia de mi libro ‘Rosarios en voz baja’, que aún no salido al público, sino también el camino de fe que me llevó a escribirlo y las sorprendentes rutas por las que la Virgen ha guiado mis pasos.
El encuentro comenzó cuando, tomados de las manos, elevamos una oración dirigida por Kattia. Fue un instante de recogimiento, gratitud y esperanza, en el que cada corazón parecía latir al mismo ritmo.
Además de la anfitriona estaban Iliana Medina, María José Tulena, Katherine Nuñez, Viviana Cabrera, Claudia Moncada, Lourdes Arquez, Rouse Olier, María Angélica Morales, Magda López, Esther Barrios y Diana Yepes.
Hablé de mi próximo libro testimonial nacido del agradecimiento, de las historias que he vivido y de cómo he seguido escribiendo nuevos capítulos como si no quisiera cerrarlo.
Conté que uno de ellos me condujo hasta México, en un viaje que jamás estuvo entre mis planes. Estoy convencida de que fue un viaje «mandado» por la Virgen, porque nunca imaginé que terminaría frente a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, conociendo el lugar donde María se apareció al humilde indígena Juan Diego y dejó una huella imborrable en la historia de mi fe.
También recordé con emoción mis años como periodista de El Heraldo. Más allá de las noticias, comprendí que el periodismo también podía ser un puente para servir. Gracias a los contactos que iba construyendo, muchas veces logré gestionar ayudas, tratamientos médicos, sillas de ruedas, becas y otras oportunidades para personas de escasos recursos que solo necesitaban que alguien creyera en ellas y tocara la puerta indicada. Compartir esas experiencias fue recordar que los pequeños actos de solidaridad también son una forma de oración.
Mientras conversábamos, la lluvia comenzó a caer sobre Barranquilla. Lejos de interrumpir el encuentro, refrescó la noche y creó una atmósfera de serenidad, como si el cielo quisiera acompañar nuestras reflexiones.
El sonido del agua le dio un sentido aún más profundo a cada palabra compartida.
Como si la noche quisiera regalarme un último gesto de cariño, Iliana Medina me sorprendió con un homenaje muy especial: me entregó enmarcada la portada de La Ola Caribe en la que aparezco como personaje central, un detalle que atesoraré porque resume años de periodismo, de historias contadas con pasión y de sueños cumplidos.
Regresé a casa con la certeza de que cuando hablamos desde el corazón, siempre encontramos personas dispuestas a escuchar. Y confirmé, una vez más, que la Virgen sigue abriendo caminos inesperados.
‘Rosarios en voz baja’ no solo es un libro, es una misión que continúa escribiéndose en cada encuentro, en cada testimonio y en cada vida que logra tocar.









