El arte de fluir entre géneros sin perder su esencia caribeña
Por Mariana Castellón Alcalá
En un Caribe donde la tradición y la innovación musical conviven con fuerza renovada, Fausto Chatella se mantiene como una figura que navega entre géneros sin perder su esencia. Con más de tres décadas de trayectoria, el artista barranquillero habla sobre identidad, adaptabilidad y los aprendizajes que le ha dejado una vida dedicada a la música, en un momento clave.
Cotizado como líder de su orquesta, este “Hijo de Barranquilla”, muy apreciado en el gremio musical, concedió una interesante entrevista a la periodista Mariana Castellón Alcalá.
El Caribe está viviendo un momento muy interesante a nivel musical: están conviviendo sonidos tradicionales con nuevas propuestas que están de alguna forma reinterpretando muchos géneros, especialmente el género caribeño. Con esto en mente, ¿cómo ve usted el panorama musical y cómo cree que Chatella encaja en ese panorama?
-El Caribe siempre ha sido protagonista. El Caribe siempre ha presentado propuestas innovadoras e interesantes, musicalmente hablando, para todo el mundo. Te hablo desde la época del vallenato, desde la época de las grandes orquestas que tocaban en diferentes clubes en Barranquilla, de los artistas que de una u otra forma han hecho parte de ese quehacer musical a nivel nacional e internacional.
Desde hace más de 35 años que estoy en la música he aprendido que en el marco de la música tropical y caribeña, no hay una última palabra. Siempre ha estado intrínseca e implícita en la música del mundo. Tú puedes identificar componentes de la música caribeña en una canción anglosajona, en una canción del interior del país, la escuchas en canciones del centro, sur, norte, y tú dices: “caramba, eso es lo que yo escucho en el Caribe colombiano”. Así que la música caribeña siempre está implícita ahí en la música del mundo.
Usted destaca algo increíblemente importante en la industria musical actual y es el tema de la adaptabilidad. Hoy en día un elemento clave del éxito de un artista es qué tanto logra amoldarse a las tendencias del mercado, pero eso muchas veces puede poner en riesgo la propia esencia de uno, ¿cómo ha sido ese proceso para usted?
-Desde niños, somos bombardeados por diferentes géneros musicales. Yo crecí escuchando la tambora, el tambor, siempre escuchando salsa, vallenato, porro, cumbia, reggaetón, merengue, champeta. Somos bombardeados por diferentes géneros musicales. Y cada vez que viene un sonido o un género nuevo, siempre trato de adaptarlo a lo nuestro. Yo me voy amoldando y me voy acomodando en el trasiego de la música, en todo lo que va saliendo.
En los eventos interpreto de todo y trato de hacerlo lo mejor posible; buscando siempre la excelencia. En vivo puedo tocar un tema de Oscar De León, de Bad Bunny; un vallenato del Binomio de Oro y otro de Silvestre Dangond, un reguetón y un bolero. Siempre he estado fluctuando en todos estos géneros musicales, me adapto fácilmente.
Muchos apasionados de la música pueden confirmar que hay momentos donde se produce una conexión musical tan orgánica y genuina, que se siente surreal. ¿Podría hablarnos un poco sobre el tras bambalinas de quienes lo acompañan en el escenario?
-Siempre me he caracterizado por buscar la excelencia en lo que hago. Me exijo mucho, entonces al exigirme mucho, busco personas dispuestas a encontrar esa excelencia del sonido y de la propuesta que vayamos a presentar. Dicho eso podría decir que encuentro siempre hermanos, pues en una orquesta de este tipo, al fin y al cabo, nos convertimos en familia.
Soy un afortunado porque tengo una gran orquesta, unos tremendos músicos: profesionales, docentes, algunos son directores de orquestas en algunas corporaciones que entran a este conglomerado y nos unimos. Yo soy la punta de la flecha, pero el resto de las flechas son los que están detrás de mí. Y cuando estamos en escenario, yo no digo que son mis músicos, yo digo que son mis artistas. Y a mis coristas no las presento como coristas, sino como mis cantantes. Así también puedo darles ese estatus a ellos para que se sientan igual con uno.
Vivir de la creatividad puede ser muy gratificante, pero también implica cierta inestabilidad que no todos logran manejar a largo plazo, ¿Cómo ha logrado usted equilibrar esa naturaleza cambiante de la creatividad con la construcción de una carrera que sea sostenible en el tiempo?
-En esto de la creatividad nadie tiene la última palabra; es lo que te salga y lo que quieras expresar. Yo siempre digo: exprésalo, que todito va cogiendo, como un cauce, como un río que se va juntando. La misma música es tan agradecida. La misma música va como como solita buscando los elementos que tú quieres que estén en la música, que tú quieres que estén en el producto que tú presentas.
Hace poco grabé una canción con el maestro Bobby Cruz, uno de los grandes de la salsa. El señor estaba aquí en Barranquilla, en la casa de un amigo, y yo estaba escuchando un vallenato que se llama “Obsesión”. Empecé a cantar el pedazo que dice: “Barranquilla ciudad de cantores, de vallenatos y de acordeones”, y recuerdo que Bobby Cruz se quedó oyéndome, como quien dice “¿esto qué canción es?”. Se quedó absortó especialmente en la parte que dice: “Yo quisiera que la tierra girara al revés para hacerme pequeño y volver a nacer”. Él se identificó tanto con ese pedacito que me dijo: eso está bueno para grabarlo. Yo le contesté: maestro, es un hecho.
Y es un hecho. Ya la grabamos. No la hemos lanzado todavía y ya está sonando, imagínense. Entonces si ves la manera en la que se va creando un ambiente propicio para que crezca eso que es la música, que en realidad es un don. Fluir, fluir y fluir. De eso se trata.
Esa canción hace parte de un álbum que está próximo a salir, que se titula Chatella: Vallenato Tropilatino. ¿Por qué vallenatos? Porque yo canto vallenato también. En este álbum cojo los vallenatos clásicos y los estoy traspasando a diferentes géneros musicales.
Tengo temas vallenatos en salsa, vallenatos en merengue, vallenatos en son cubano. Además de Bobby Cruz, tengo invitado al maestro Alfredito De la Fe, el violinista que estuvo en la Fania All-Stars. Incluso un reguetonero muy importante que no te puedo adelantar todavía, pero viene a cantar un vallenato en un reguetón conmigo. Viene también Jair Santrich, el que ganó el reality de “A otro nivel”, a cantar un vallenato pero en ranchera, ¡en ranchera! ¿Te puedes imaginar eso?
¿Usted recibió fuertes críticas de parte del género e incluso llegó a desatar polémica, cuando recibió el Congo de Oro en la categoría Vallenato. ¿Cómo logró navegar en esa negatividad?
-Me acuerdo perfectamente. Habíamos dado un show increíble. En la madrugada, tipo 3 a.m., me empieza a sonar el celular. Me llaman y me dicen “¡felicitaciones! te ganaste el Congo Vallenato”. Yo pensé: están mamando gallo, ¡dejen dormir ombe! y me volví a dormir. Cuando me despierto y agarro ese celular, lo veo lleno de mensajes, unos felicitándome y otros dándome palo, pero palo del bueno. Mira, me declararon hasta “persona no grata en el Valle”.
Al día siguiente decidí irme a Cartagena a descansar un rato, y en esas aproveché y puse un tweet que decía: «Bueno, ¿cuál es la vaina? Me gané el Congo de Oro y desconogueo no hay”.
En su momento lo tomé muy jocosamente ¿si me entiendes? Traté de que no me afectara toda esa cuestión porque me decían “persona no grata en el Valle”, me decían “cabeza de manimoto” ¡de toda vaina me decían! Pero lo bonito de todo eso es que me enseñó a que uno tiene que hacer caso omiso a ciertas cosas. A palabras necias, oídos sordos.
Hoy en día me encuentro con los vallenateros en la tarima y me saludan con todo el amor del mundo. Me saluda Silvestre, Rafa Pereira o Kiko Chata y me maman-gallo; me dicen: “Ey, hay que estar firmes en la tarima, porque viene Chate”.
¿Cómo maneja la inmediatez que exige la industria musical actual? ¿Ha habido momentos de su carrera y de su vida donde ese sentimiento de afán le haya pasado factura?
-Te voy a poner un ejemplo súper claro. Hace dos años venía trabajando sin parar; era enero y venía trabajando desde septiembre, tocando casi todos los días. Había momentos en los que me sentía débil y el cuerpo me estaba pidiendo descanso, pero no podía. Tenía una presentación el 31 de diciembre de 2023 en Santa Marta y yo siempre que toco involucro al público en el show. Ese es el centro de atracción de la fiesta: el público. Ellos se suben, bailan y cantan conmigo, y en ese pasar de micrófonos quizás, tenía las defensas bajas y adquirí un virus que se llama H1N1.
Me empecé a sentir muy mal, no podía respirar. El fin de semana siguiente tuve otra fiesta en Cartagena, y recuerdo que no podía cantar bien, le decía a mis cantantes “ayúdenme, que no puedo, me siento mal, me siento mal”. Llegué a Barranquilla y le dije a mi esposa que no podía respirar. Salimos corriendo a la clínica.
Estuve más de 20 días en UCI, en coma inducido. Casi me muero, tanto es que a mi esposa le alcanzaron a decir: “hagan las vueltas de la funeraria porque esta noche no pasa”. Al despertar, para mí habían pasado ocho horas, como si me hubiera dormido y me hubiera levantado al día siguiente, pero habían pasado casi 30 días. Me levanté flaquito, con barba, con pelo. No podía hablar porque tenía una traqueostomía, no me movía, todo me lo hacían.
Pero tantas fueron las ganas de salir adelante después de esto y seguir cantando que al lograrlo, reconocí el para qué me pasó. Me pasó para tener en cuenta que si papito Dios me dio un don que era el canto, también tenía que cuidarlo. Y no me cuidé, me excedí. Entonces esos son los momentos donde tú dices, no, no, ahora la vaina es diferente. Si papito Dios me dio una oportunidad nueva para seguir conectando corazones, debo cuidarme, debo cuidarme bastante. Hoy en día lo valoro, y me cuido.
Sin duda alguna, si algo destaca de su orquesta es que contagia felicidad a cualquier escenario que pisa. Cuando un artista es feliz se nota, y tanto a usted como a todos sus músicos se les nota una alegría incomparable. Por eso me gustaría cerrar preguntándole: ¿qué viene ahora para Chatella y su orquesta?
-¡Muchas cosas emocionantes! Tenemos el lanzamiento del álbum. El primer tema que va a salir es “Obsesión”, con Bobby Cruz. Eso es lo que viene por lo pronto, y más adelante estamos planeando algo sumamente osado, ya en miras de los Grammys. Entonces prepárense, porque vienen cositas muy, pero muy chéveres.
Más allá de los lanzamientos, las colaboraciones internacionales y los nuevos retos que se avecinan, el mensaje de Fausto Chatella es claro: la música, como la vida, se construye desde el equilibrio entre la pasión y el cuidado propio. En una industria marcada por la velocidad y la exigencia, su historia se convierte en un recordatorio de que el verdadero éxito no está solo en adaptarse, sino en saber fluir sin perder la esencia. Y mientras su nuevo álbum se abre paso, Chatella reafirma su lugar como un puente vivo entre generaciones, géneros y emociones que siguen encontrando en el Caribe una fuente inagotable de inspiración.








