Un homenaje perpetuo
Por Jorge Garcíataboada
Arquitecto y escritor
Este mensaje nace hoy, pero no pertenece a un día señalado en el almanaque. Lo escribo para que habite en el tiempo, sin importar cuándo se lea, porque el amor y la gratitud hacia ellas no conocen de fechas comerciales ni de vencimientos. Estas palabras son un regalo perenne, un homenaje que fluye como las mareas de nuestro Caribe. Constante, eterno y siempre a tiempo para celebrar la existencia de la mujer.
“No creo en los homenajes que dicta el almanaque, pues el amor a una mujer no se puede encerrar en un domingo comercial; se desborda en la gratitud de cada segundo. Para ellas, el festejo es un acto de veneración perpetua.
Mi devoción comienza por mi madre, mi raíz y el primer destello de amor que iluminó mi camino; ella es el origen de toda mi magia. Ella fue y sigue siendo mi primer amor, aquel que nació entre los arrullos de sus canciones de cuna, melodías inmortales que aún vibran en mi pecho como un eco que no conoce el olvido. La veo en sus silencios, en esos pensamientos que solo ella habitaba, y en su mirada de ojos azules -ese cielo mágico y encantado que me atrapa y me absorbe-. Su voz,
llena de una armonía angelical, es el compás que guía mis pasos, y su orgullo al mirarme es el manto que me protege del frío del mundo.
Este sentimiento sagrado continúa en Margie, mi refugio y mi ‘mi astillero de sueños’, la compañera que le da paz a mi travesía y sentido a cada uno de mis días.
Y se expande en mis hijas, quienes con su carácter y su luz propia, representan la promesa de que el amor se renueva y se fortalece en cada generación.
Pero hoy, este torrente que llevo dentro busca romper los diques de lo privado.
Quiero que este sentir se mezcle con el murmullo de la brisa de mi Caribe allí donde el aire salitroso y el mar susurran secretos en la ensenada cañaveral que me arropa en este, el Rincón de Mi Viejomuelle.
Para ellas, y para el resto de mujeres que nos sostienen, propongo que cada latido sea un tributo. Ellas no son un evento en el calendario, son la melodía de fondo que arrulla nuestra alma y le da ritmo a nuestra historia. Son como el mar infinito que contemplo desde mi ventana, una presencia y necesaria, que con sus olas que van y vienen en un abrazo continuo, siempre nos devuelve a la orilla.
Ayudarlas a ser inmensamente felices es nuestro deber sagrado. Que su sonrisa sea el faro que nunca se apaga y que nuestro amor, sea el viento que impulse sus velas. Que cada gesto nuestro sea un recordatorio de que su luz no es fuga, sino un amanecer constante en nuestras vidas.
Para todas ellas, las de mi sangre y las del mundo: mi sentimiento más puro, hoy y siempre. Que la magia de este Caribe las envuelva, y que el amor que irradian les sea devuelto en bendiciones tan infinitas como la arena de nuestras playas.
